México.- Un niño de 10 años de edad murió luego de recibir un disparo en la cabeza mientras disfrutaba de una película en compañía de su familia en una sala del Cinépolis de Plaza Ermita en Iztapalapa.

De acuerdo con los reportes, el hecho se registró el 2 de noviembre cuando Enrique Cuacuas y sus dos pequeños hijos fueron a Cinépolis por el día de asueto. 

En la sala dos la familia ocupó los asientos 15, 16 y 17 de la fila G. A su alrededor había unas 200 personas más. 

Cuando la película “Ralph El Demoledor” llevaba 30 minutos de proyección el papá del menor escuchó que algo zumbó cerca de su oído y en ese instante vio cómo su hijo Hendrik comenzaba a convulsionarse. 

En entrevista con el diario La Razón, el padre recuerda que “al principio pensé que le habían lanzado una piedra (…) ¡Qué poca, ya lastimaron a mi hijo!”, y salió a pedir ayuda al gerente del lugar. 

Pero el personal de Cinépolis no supo qué hacer y sólo atinó a subir al pequeño a una camilla y acomodarlo en la cajuela de un auto al que le bajaron los asientos traseros y llevarlo al hospital de la Comunidad Económica Europea. Ahí lo abandonaron sin siquiera dar sus nombres. 

A pesar de lo sucedido, la cinta continuó. Sólo encendieron las luces de la sala para sacar al menor y el personal del complejo de Plaza Ermita siguió dando servicio sin buscar al agresor, cerrar la sala o dar aviso a la Procuraduría capitalina. 

Por lo grave de la lesión, el niño necesitaba ser llevado a otro lugar. Su papá pidió que lo trasladaran al Dalinde. Ahí le practicaron una cirugía en el cráneo. Pero el menor no resistió y dos días después murió. 

Negligencia 

Pese a lo ocurrido, el Cinépolis opera actualmente sin problema alguno. El personal del lugar no ha buscado ni siquiera al papá de Hendrik para apoyarlo, ni para reportar los hechos. 

“Mi hijo estaba herido en Cinépolis y nunca llegó una ambulancia para llevarlo al hospital. Dos trabajadores del cine se lo llevaron sin avisarme a dónde iban. Los tuve que ir a buscar y cuando llegué al hospital ellos ya se habían ido sin más”, relata Enrique Cuacuas al mencionado diario. 

La noche del 4 de noviembre Hendrik murió y entonces la Procuraduría capitalina fue notificada de lo sucedido. 

Se abrió el expediente CUH-7/T3/3642/12-11 por el delito de homicidio por disparo de arma de fuego, luego de que el Hospital Dalinde, a donde lo trasladó después su papá, notificó el deceso. 

Hendrik es recordado por su familia como un niño sonriente, travieso y juguetón.

 

Con información de La Razón