Una vez que naufragó el proyecto de instalar el nuevo aeropuerto para la Ciudad de México en el Valle de Tizayuca, el gobierno de Hidalgo echó a andar este pasado viernes un plan B que consiste en convertir a esa zona ubicada al norte del Valle de México en un complejo logístico, en un gran centro de distribución de mercancías.
A diferencia del plan para establecer un aeropuerto en Tizayuca, sopesado desde los tiempos cuando Jesús Murillo Karam era gobernador del estado, esta ocasión el proyecto denominado Plataforma Logística de Hidalgo (Platah) cuenta con inversionistas -entre ellos el propio gobierno estatal que aportará 260 hectáreas de terreno- y el fondo de inversionistas Artha.
El inicio de la obra implicará, para adecuar el terreno e instalar infraestructura, mil 500 millones de pesos, según reveló el propio gobernador de Hidalgo, Francisco Olvera, al presentar esta misma semana el proyecto a inversionistas nacionales e internacionales en la Ciudad de México.
Una de las particularidades de este proyecto es que pretende aprovechar la autopista Arco Norte, que fue construida durante el sexenio de Felipe Calderón, y que es una especie de última frontera de la Zona Metropolitana del Valle de México y que funciona como un nuevo periférico si uno no desea entrar al Distrito Federal.
La primera zona industrial que pretende ser instalada en torno al centro de distribución estaría ubicada en los linderos del Arco Norte, en el trayecto donde la vía cruza el municipio de Villa de Tezontepec, muy cerca de Tizayuca.
Desde el punto de vista económico, el proyecto seguramente será atractivo pues se encuentra en una de las últimas reservas territoriales del Valle de México.
Además, es una zona que representa la continuación de las zonas industriales de Tizayuca (Hidalgo), y Ecatepec y Tecámac (Estado de México), lo que nos permite anticipar que habrá inversionistas interesados porque es una región con vocación industrial, conectada no sólo con vías estratégicas (la Arco Norte conecta con la vía México-Tuxpan, México-Querétaro y la México-Pachuca), sino que tendrá a menos de una hora de distancia la Ciudad de México, que hoy sigue siendo el mercado de consumo más grande de todo el país.
El proyecto durmió durante más de una década porque dependía de la ubicación del nuevo aeropuerto para la Ciudad de México. Como finalmente la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) decidió que no habrá nueva terminal sino sólo se construirá una ampliación, entonces ahora el gobierno de Hidalgo decidió impulsar una plataforma logística e industrial.
La idea de instalar un proyecto de esas características en la última reserva territorial del Valle de México tiene sus pros y contras. Lo positivo es que permitirá, si lo hacen bien los gobiernos involucrados, ordenar la caótica mancha urbana que no deja de avanzar y que aun sin proyecto terminará devorando el espacio que aún queda en esa zona, que es un valle que cuenta con características ideales para su urbanización.
El lado negativo es que el desarrollo de este proyecto implica cancelar una reserva territorial para el continuo urbano del Valle de México. Es en esa planicie ubicada entre Tizayuca y Pachuca donde se encuentra la batería de pozos que extrae el líquido del acuífero Cuautitlán-Pachuca, reserva que hoy día ya está sobreexplotada, según ha informado la Comisión Nacional del Agua (Conagua). Es decir, que al urbanizar la zona, el acuífero no sólo tendría una demanda adicional de líquido, sino que sería mermada su capacidad de infiltración.
El proyecto Platah (así lo bautizó el gobierno de Hidalgo) trae consigo nuevas oportunidades para el estado, que aún está en el sótano entre las entidades menos desarrolladas de México, pero también implicará un desafío ambiental que puede tener graves consecuencias en el medio ambiente si la anarquía finalmente se impone sobre la planeación.
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