viernes 01 de agosto de 2014 | 09:49
Columnas

Desastres naturales y política

Bibiano Moreno Montes de Oca @BibianoMoreno mar 17 sep 2013 07:34

El plan de contingencia se va a tener que poner en práctica en México por los desastres causados por Ingrid y Manuel. Tal vez sea mucho pedir, pero deseo de todo corazón que los recursos destinados a apoyar a los miles de damnificados esta vez realmente lleguen a las manos indicadas.

De continuar las intensas lluvias que actualmente azotan a casi toda la geografía  del país, los mexicanos vamos a terminar como los habitantes del mítico Macondo garciamarquiano de la novela Cien años de soledad: llenos de escamas, como los peces, después del aguacero caído durante meses que lo inundó todo y no dejó seco nada.

Según reportes de la Secretaría de Gobernación, entre el ciclón Ingrid y la depresión tropical Manuel –que en algunos casos hasta parece que se confabularon—, se han visto afectadas un millón 200 mil personas a causa de las torrenciales aguas que no han parado de caer desde hace días en prácticamente todo el territorio nacional.

Si bien en el Distrito Federal sí se pudo llevar a cabo la tradicional ceremonia del Grito de Dolores la noche del 15, pese a la pertinaz lluvia, en varias capitales de los estados se tuvo que suspender por la situación meteorológica. De hecho, por las mismas razones no se pudo llevar a cabo el desfile cívico que normalmente se realiza el 16 ni hubo clases este martes 17.

Todo ello gracias al diluvio que a México se le vino encima. En el estado de Guerrero, donde se declaró en emergencia a muchos de sus municipios, se concentran los mayores daños causados a la fecha por las lluvias. En otras entidades andan en las mismas; en Michoacán, por ejemplo, el ejército mexicano puso en marcha el Plan DN-III, mientras que poblaciones enteras de otras regiones del país han tenido que ser evacuadas.

Estos fenómenos naturales son catastróficos para la nación: causan muertes (van contabilizados unos 30 fallecidos debido a esta causa), cientos de miles de damnificados y pérdidas incalculables en bienes materiales y productos que se diluyeron con el agua.

A este respecto, cabe hacer notar que para atender este tipo de contingencias existe una partida presupuestal que se autoriza cada año, a fin de poder ser atendidas por los tres niveles de gobierno. Sin embargo, como sólo ocurre en México, ese apoyo económico suele no llegarle a todos los que lo necesitan ni con la celeridad que el caso amerita, pues la tragedia es aprovechada en su propio beneficio por los políticos corruptos.

Se ha extendido mucho una frase que alguna vez se le escuchó a alguien en algún lado, pero que igual se le puede aplicar al presidente, a los gobernadores o a los alcaldes:

--Otro desastre de estos y me retiro.

La frase lleva implícita el cinismo: a más tragedias, más ganancias para los que manejan los recursos –a fondo perdido— que están destinados para apoyar a los damnificados que, en muchos de los casos, literalmente se quedan en la calle, ya sea porque la lluvia arrasó con todo a su paso o porque un terremoto no dejó en pie ninguna pared de sus casas.

El color de los gobiernos a los que pertenecen no hace muy diferentes a los políticos. Hoy está el PRI en el poder, así como durante 12 años lo estuvo el PAN. En todo este tiempo no ha habido diferencias notables a la hora de la aplicación de los recursos destinados a apoyar a los damnificados, pues generalmente millonarias sumas son desviadas en el camino para ir a parar a cuentas bancarias de algunos cuantos bribones.

El plan de contingencia se va a tener que poner en práctica en México por los desastres causados por Ingrid y Manuel. Tal vez sea mucho pedir, pero deseo de todo corazón que los recursos destinados a apoyar a los miles de damnificados esta vez realmente lleguen a las manos indicadas.