jueves 30 de octubre de 2014 | 09:55
Columnas

Perdieron Bejarano y Marcelo. Seguirá el Pacto y vendrán las reformas

H. E. Cavazos Arózqueta @HECavazosA lun 12 ago 2013 08:52

Se antojaban eternos el devaneo y el alboroto dentro las filas del Partido de la Revolución Democrática. Indiferentes a la disciplina política y al orden, las filas del principal partido de izquierda en México se encuentran a diario en constante pugna y divergencia. Por ello todo indicaba que el sol azteca nunca habría de lograrse curar de sus sempiternas imperfecciones, vicios y deterioros. Sin embargo, con el espaldarazo que recientemente recibió Jesús Zambrano, presidente nacional de la agrupación política en cuestión, de parte de la militancia y el jefe de gobierno del Distrito Federal para que el partido siguiera dentro y suscribiendo el Pacto por México, pareciera ser que ahora sí el PRD transitará, despojándose de la demencia y el pandemónium, camino a la cordura y a lo que es correcto.

Vencieron los pactistas, que en la actualidad representan a un sector de la izquierda ajeno a las eternas vicisitudes que empañan y envilecen al progresismo en México; como son el resentimiento, los complejos, el odio, la rijosidad, la violencia, la envidia, el sectarismo-mesianismo y los cacicazgos. A causa de este triunfo conseguido por las corrientes y los liderazgos más serenas y democráticas, se podrán emprender las reformas de fondo que el país tanto necesita para transitar a la modernidad y al progreso. Esto, claro está, sucederá posteriormente a que se debata en torno a las mismas mediante ideas y argumentación inteligente y persuasiva, no a base de corear consignas y hondear banderas con fotos del caudillo en las calles.

Con nombre y apellido, los perredistas derrotados fueron Marcelo Ebrard y René Bejarano. Ambos conforman una alianza extraña y autodestructiva. Pues resulta desconcertante que el ex jefe de gobierno de la Ciudad de México haya optado por conquistar sus aspiraciones políticas por medio de una unión con la tribu más nefasta del PRD, cuyo dirigente representa hoy por hoy el lado grotesco de la clase política nacional. Echando mano a un discurso desgastado y manoseado por otros líderes como Andrés Manuel López Obrador, Ebrard Casaubón y el ‘el Profesor’ infirieron que iban a conseguir el apoyo de la militancia negro-amarilla seduciéndola con el ya marchito populismo cardenista y por medio de frases cargadas de anacronismos ideológicos. Pero fallaron. No había de otra.

Quizá las razones por las cuales el otrora mandatario capitalino se niegue a apoyar y suscribir el Pacto por México tengan que ver con la imprudencia del dirigente de Nueva Izquierda, corriente conocida como ‘los chuchos’, Jesús Ortega. Pues considero que éste debió haberlo invitado de mejor forma, y si no, haber insistido con más perseverancia desde un principio. Al no ser incluido en la foto de los pactistas, Marcelo no tenía de otra más que vilipendiar al Pacto, ya que no iba a aplaudirle a sus semejantes desde las butacas mientras éstos daban el espectáculo. Mas ya pasó, y no perdamos el tiempo lanzando hipótesis inútiles.

Ahora solamente queda esperar a ver quién sucederá a Zambrano Grijalva en la presidencia nacional del Partido de la Revolución Democrática. Los aspirantes son Ebrard, Carlos Sotelo y Carlos Navarrete. En mi opinión, se polarizará entre el primero y este último. Uno en contra del Pacto, el otro a favor. Actualmente lo único que podría pulverizar, hacer pedazos al Pacto por México sería el triunfo de Marcelo. Si éste llega a dirigir al sol azteca, se acabaron las reformas, sería el fin del diálogo entre las fuerzas y los principales actores políticos. Retornarían a la izquierda el oxidado caudillismo y el corroído nacionalismo. Volvería la R de PRD a significar Revolución Mexicana y no revolución del Siglo XXI.

No obstante, mientras tanto, la reforma energética tiene todas las de ganar. Si se elaboró contemplando todas las discrepancias que podría suscitar entre los partidos políticos, luego de jornadas de largos debates acabará deviniendo en realidad. Solamente necesitan conseguir el voto de una fracción importante del PRD para que sea votada por amplia y cómoda mayoría.

Es hora de que la ola reformista sacuda al país, lo espabile. A crear conciencia.