miércoles 30 de julio de 2014 | 08:18
Columnas

Peña Nieto y su Reforma Energética: un presidente de un solo tópico 

Beam @Beam lun 12 ago 2013 12:52

 

Ni la inseguridad, ni el desempleo, ni los más de 50 millones de pobres, ni los jóvenes rechazados por las escuelas públicas son prioridad para Enrique Peña Nieto y su gris administración.

Su único interés, su razón de existir y de vivir es su Reforma Energética, presentada ante el mundo hace unos minutos. Entregar, modificando los artículos 27 y 28 de la ya muchas veces violentada constitución mexicana, las ganancias de Pemex a empresas extranjeras.

No es necesario “vender un solo tornillo de Pemex” para que la paraestatal entregue la parte del león de las ganancias a una serie de empresas trasnacionales que han sido echadas a patadas de otros países del mundo. Pero dentro de su mente monotemática, Peña olvida, o ignora, que buena parte de los mexicanos no se tragan los bramidos de éxtasis con los que él y los miembros de su equipo, apoyados por medios, columnistas y opinólogos afines celebran el ingreso de México a la “modernidad” disfrazada de contratos de riesgo compartido.

El primer año de gobierno de EPN, que para todo propósito es el séptimo año de Calderón, ya que nada ha cambiado en cuestiones de inseguridad y desempleo, demuestra algo que desde hace mucho tiempo advertimos en esta columna: el mexiquense no fue elegido para defender los intereses de los mexicanos (¿soberanía? ¿independencia? eso es cosa de “nacos”, dicen por ahí algunos modernos), sino para entregar la poca fruta que nos queda a las trasnacionales extranjeras. 

En poco mejorará la situación de los mexicanos desplazados, desempleados, sin educación, sin futuro, mientras el único interés de "su" presidente sea rematar el precioso recurso, no renovable, irrecuperable, escaso e invaluable, lo más pronto posible. No importa nada más. Hay que vender, vender, vender. Privatizar, Modernizar, Compartir el Riesgo, o el eufemismo que esté de moda esta semana. Lo demás, "ahí luego". O más bien nunca.

Y lo peor aún está por venir. Ya lo verán.