domingo 21 de septiembre de 2014 | 09:06
Columnas

Las batallas por Pemex

Alexia Barrios G. @alexiabarriosg lun 12 ago 2013 16:49

El complejo escenario político del país hace impredecible cualquier pronóstico sobre la propuesta de reforma energética que presentó este lunes 12 de agosto, pues el debate se da en un ambiente de fuertes presiones tanto internas como externas de carácter económico como político.

Los puntos torales de cualquier reforma son muy relevantes, puesto que los cambios propuestos en el sector energético por el PRI-Enrique Peña Nieto como por las oposiciones del PRD, PAN y MORENA, incidirán directamente sobre los indicadores económicos de todos y cada uno de los mexicanos.

En una economía petrolizada como la mexicana, las rentas producidas por Pemex siempre han sido un punto de atracción importante para generar no sólo dividendos económicos sino políticos; sin embargo, la importancia del petróleo es mucho mayor a la renta que produce, porque su escasez y agotamiento magnifican el valor estratégico del control de los yacimientos en el mundo. De ahí que el trasfondo que debe voltearse a verse es lo relativo a la soberanía energética.

Para el PRD y Cuauhtémoc Cárdenas, la iniciativa de reforma podría ser una manzana muy atractiva, pues recoge lo fundamental de las sugerencias que viene planteando al menos desde la candidatura presidencial del 2000: autonomía de gestión para Pemex. Pero, ¿cederán en los demás puntos, en la “letra chiquita” como ocurrió en la reforma de 2008?

En otro campo, aunque para la mayoría de los seguidores del ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador no les queda claro esta categoría ideológica (pues lo mismo hace unos meses eran partidarios del liberalismo juarista, y ahora son fervientes estatistas), sin duda la defensa de la soberanía representa una bandera política muy redituable, aunque  nunca presenten una alternativa para el desarrollo económico nacional. Las movilizaciones y el discurso nacionalista serán el mecanismo que les llevará a generar simpatías o rechazos.

En este extremo de la defensa de la soberanía energética no debe perderse de vista a los grupos beligerantes, como el EPR, los “anarquistas”, las “autodefensas”, los cuales desde el 1 de diciembre de 2012 han declarado una ofensiva abierta contra el gobierno de Peña Nieto. Los hechos ocurridos en Oaxaca, Guerrero y Michoacán, primero contra la reforma educativa, ahora serán contra la reforma energética. Mucha atención, porque aunque menores los grupos, ya en el 2008 se manifestaron violentamente explotando ductos de la paraestatal.

Por otra parte, en una primera lectura al plan energético del Presidente de la República, se interpreta una apertura a la inversión privada a partir de asociaciones entre Pemex y socios capitalistas para la extracción; mientras que la refinación, petroquímica, transporte y almacenamiento de petróleo y gas, podrán asignarse a particulares.

Cabe referir que el fomentar un mercado energético integrado en América del Norte en un contexto desregulado ha sido una meta ambicionada por los oligopolios de la industria del gas y del petróleo de Estados Unidos. Sin duda, las condiciones que se plantean en la propuesta de reforma presidencial no es lo que ellos esperaban, pero tampoco está tan peor, pues sí representa una salto importante para los inversionistas extranjeros, un cambio a los viejos acuerdos del TLCAN, donde México se reservó el apartado de energía por cuestiones de “seguridad nacional”.  

Hay que recordar que un estudio de la Comisión de Comercio Internacional para el Congreso de Estados Unidos estableció que desde 1994 México, sin modificar la Constitución y conservando para PEMEX el control nominal sobre el hidrocarburo”, han permitido la participación privada, nacional y extranjera, en ese sector, por medio de empresas conjuntas, arrendamientos, contratos para la exploración y subcontratación de diferentes servicios. Para nadie es un secreto que así viene funcionando desde entonces.  ¿Habrá quién con argumentos pueda darle la batalla a la presión extranjera?

En la coyuntura de la discusión interna de México sobre su reforma energética, no debe perderse de vista el comportamiento de los mercados internacionales, que están a la expectativa de que nuestro país sorprenda al mundo con las tan esperadas reformas estructurales de tercera generación.

La propuesta del gobierno peñanietista enfrenta desde este momento el mayor de los exámenes. Si logra salir adelante, construyendo consensos, sin duda, dará un salto cuanti y cualitativo para los próximos años, e incluso, la consolidación del régimen más allá del 2018.

Pero si fracasa, si busca una reforma excluyente, donde el PRI-PVEM hagan valer su fuerza parlamentaria tanto en el Congreso de la Unión como en los congresos locales –a donde deberá ir toda reforma constitucional—, su régimen podría enfrentar diversas descalificaciones y movilizaciones que podrían desestabilizarlo.

La batalla por Pemex apenas empezó y hay mucho aún por revisar antes que aventurar escenarios deseables y catastróficos.

alexiabarriossendero@gmail.com