miércoles 23 de julio de 2014 | 09:19
Columnas

Estudiantes rechazados con petición equivocada

Edmar Ariel Lezama Rodríguez @edmar_ariel lun 12 ago 2013 06:28

Estudiantes de la ciudad de México y zonas aledañas a ella y que no han sido  aceptados dentro de alguna escuela de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Instituto Politécnico Nacional (IPN) o Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) exigen sean aceptados para poder continuar sus estudios.

Aunque el sentimiento social sin pasar por ningún proceso de razonamiento está a favor de más lugares en la educación pública, la problemática va muchos más allá de sólo abrir espacios físicos y la solución no se encuentra en manos de las ya citadas universidades, pues la real problemática se encuentra en el nivel básico, medio superior y lo mal que se canalizan los recursos y programas de la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Hasta hoy el movimiento que agrupa a los estudiantes que no ingresaron a una de sus primeras opciones universitarias ha mostrado poco compromiso con sus pares de otras entidades de la República Mexicana con menores opciones de oferta educativa debido a lo centralizado de nuestra nación, pero quizá con un potencial intelectual adecuado para ser admitido en un centro de educación superior y que por problemas económicos no ocurre así. Esos jóvenes capitalinos rechazan programas de educación a distancia que la SEP ofrece, pero en ningún momento propone que esos planes sean orientados a poblaciones de menos de 100 mil habitantes. La educación a distancia es reconocida por la Organización de Naciones Unidas (ONU) como una forma correcta de brindar el conocimiento que se puede dar dentro de un aula de la forma tradicional. Esos mismos jóvenes exigen ser admitidos a la educación superior, pero sin considerar en ningún momento lo que ocurre en la educación básica, la cual es la que ofrece las habilidades necesarias para formarse de manera adecuada en el nivel medio superior y dar el salto al nivel superior.

El sacrificio de un grupo presente de personas puede significar el cambio para toda una generación en años venideros; los movimientos de estudiantes no aceptados buscan un beneficio propio y de corto plazo, ya que la exigencia primaria es que se acepten más estudiantes por ese simple hecho. Una actitud menos egoísta debería llevarlos a montar un campamento fuera de la SEP tal como lo hicieron para exigir se corrijan los malos hábitos de buena parte de la educación básica ya sea pública o privada; hasta hoy día, la SEP contabiliza en promedio de 1 a 2 escuelas primarias privadas en cada colonia de toda la ciudad de México, las cuales laboran en condiciones poco favorables para la enseñanza, donde las fallas más visibles son la poca o nula capacitación del personal docente, carencia de espacios físicos para ocio y recreación y el hacinamiento entre grupos de diferente nivel escolar. Esos jóvenes que hoy luchan por un espacio deben hacerlo también por corregir esos males que impiden que todas las habilidades a nivel secundaria puedan ser desarrolladas.

No olvidemos que hoy día la SEP ofrece un lugar a todo estudiante a nivel bachillerato con el único requisito de que se cuente con certificado de secundaria y ficha de examen a cualquier escuela de nivel medio superior a pesar de que éste no fuera aprobatorio en su momento.

Buena parte de los vicios que hoy tienen los estudiantes de las mejores escuelas de nivel superior ya sean públicas o privadas, fueron desarrollados durante el bachillerato o la secundaria como el ausentismo, alto índice de reprobación, bajo compromiso con el cumplimiento de los objetivos de cada materia, poca comprensión numérica y de lectura; para nadie es un secreto que a nivel superior existen alumnos que no están capacitados para el misma, que existe poca información referente a los requerimientos de cada licenciatura o ingeniería y muchos de ellos caen  en los índices de reprobación o ausentismo de la misma. Los jóvenes rechazados nada hablan sobre esa real problemática que también afectó a ellos en su momento y que pudo ser uno de los factores que impidieron su entrada a una escuela de nivel superior.

Los datos que ofrece la UNAM son alarmantes, ya que en promedio en cada Facultad o Instituto a nivel licenciatura, hay una deserción del 20% en promedio de toda la comunidad de primer ingreso al finalizar el semestre uno. Buena parte de la deserción no se explica en su totalidad por una cuestión económica, ya que tanto autoridades locales como universitarias promueven el otorgamiento de becas; la deserción es explicada por otros factores, ya que en grupos con un promedio de 50 alumnos, el índice de asistencia es de 30, según datos de la misma UNAM, mejorando a 45 a final del ciclo escolar.

Si aumentamos la matrícula universitaria sin cumplir con los requisitos de admisión, solamente estaremos provocando que año con año la cifra de deserción del 20% aumente respecto del total; no se trata de una cuestión tan simple como el hecho de abrir más lugares, sino buscar que los mejores estudiantes y lo más comprometidos estén ahí. Aunque cuestionable el método de un examen de admisión, de momento es la única forma de medir habilidades aprendidas y razonadas durante los niveles previos que deben ser ocupadas a lo largo de la formación universitaria.

Al final del día todo estudiante que acepta y firma la ficha de examen de admisión a la UNAM, IPN o UAM sabe y acepta los requerimientos y proceso de selección; la pregunta razonable es cuántos de esos estudiantes que hoy buscan un lugar, estarían en la calle buscando lo mismo en caso de ser aceptados. Es probable que muchos de ellos ni siquiera tengan culpa propia al no ser aceptados debido a la deficiente formación que recibieron años atrás, pero de eso no es culpable la educación superior, sino la SEP y lo mal enfocado de los panes y programas. Esos jóvenes deben entender hoy que ellos deben solidarizarse con las generaciones menores, obligar a la SEP que no ocurra lo mismo que les pasó a ellos en vez de buscar a la fuerza una opción en la cual no les garantiza nada debido a su formación previa.