miércoles 26 de noviembre de 2014 | 07:46
Columnas

El violento deseo de informarse

J. Fernando García Arellano @Teotihuachango dom 11 ago 2013 19:32

Cuando niño mi madre acostumbraba taparme los ojos cuando en la pantalla, del cine o de televisión, aparecía una escena erótica. Mi padre veía con fanatismo las películas de acción norteamericanas, en especial las sagas Duro de matar (Die Hard) e Indiana Jones. Nunca me taparon la vista ante una escena con tiroteos o derramamiento excesivo de sangre. Nunca. Curioso entonces, que mi madre considerara más grave ocultarme el placer que el dolor. Mi punto, lejos de buscar hacer públicos mis traumas infantiles, es comprobar la legitimación cultural que tiene la violencia desde los medios de comunicación.

Cuando se trivializa la violencia es imposible hacer un discernimiento serio sobre lo que pertenece a una cultura por origen y lo que ha tenido que asimilar como propio: la distinción axiológica se difumina en caricaturas morales protagonizadas por líderes de opinión. Sin villanos no hay héroes. El papel de los medios de comunicación, cuando funcionan como propaganda de la ideología del poder en turno, consiste en una vaga influencia que genera, en la caso mexicano, nuevos ciudadanos: informados de vacío.

Uno puede abrir un diario al azar, Excelsior, Reforma, Milenio y puede encontrar alguna columna interesante sumergida en publicidad y notas irrelevantes. Quien no me crea puede leer, con seriedad, los suplementos con fotografías de eventos sociales (fiestas, altruismo, equitación –no equidad-, etc.), el texto siempre carece de realidad: “Mariana celebra su cumpleaños en un ambiente increíble y rodeado de sus mejores amigos.”; “Aquí el famoso empresario donando tres millones de dólares, siempre tan generoso.”; “Priscilla cabalga demostrando su espíritu mexicano al portar una bandera tricolor.”.  Suponen que nada de eso es violento, que las poses exóticas no lastiman a nadie. Se equivocan: lo ostentoso, en una nación plagada de carencias, es siempre un acto de desprecio.

La queja proviene de las imágenes a causa de la guerra contra el narcotráfico. Decapitados, colgados e incinerados no agradan porque son demasiado reales. El control que tiene Goldman Sachs sobre la alimentación mundial, generando hambrunas masivas con decisiones financieras, no amerita ser censurado, sus ejecutivos pueden salir sonrientes porque dan “buena imagen”. La perversión de la información ha degenerado su finalidad, no se comparten noticias, se instruye y se excita para comprender, superficialmente, eso que los editores aprueban para ser llamado “realidad”.

Hace unos meses estuve en Ciudad Juárez, observé el espacio que ocupaban las paredes de varios antros y bares. Fueron destruidos para mejorar la situación de corrupción que reinaba. ¿Necesitaremos seguir eliminando la piel de la violencia (lo placentero) para transformar la sociedad? ¿Cómo caminar hacia la paz cuando el camino tiene minas económicas, criminales y culturales? Solamente nos queda actuar contra la indiferencia y tener la inteligencia suficiente para determinar qué medios de comunicación valen la pena y cuáles dan pena.