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Columnas

El mundo cambia. En riesgo empresas y países petroleros. Para minimizarlo, la reforma energética

Federico Arreola @FedericoArreola dom 11 ago 2013 12:13

Como un “paseo de la vergüenza” calificó el Financial Times los resultados trimestrales de las grandes empresas petroleras. A pesar de los elevados precios del petróleo, han caído las ganancias de ExxonMobil, Chevron, Royal Dutch Shell, BP… Si tales empresas eran consideradas en el mundo corporativo como verdaderos “colosos”, por los resultados de este trimestre, según el citado diario británico, empiezan a perder el amor de los inversionistas y ya hasta se les ve como “dinosaurios”. Son compañías que parecen “atrapadas en un ciclo descendente de gastar más y más para encontrar y producir cada vez menos petróleo”.

Además de factores económicos y hasta geopolíticos (mayores tasas impositivas, sabotaje de oleoductos en Nigeria, variaciones cambiarias, crecientes costos para reparar refinerías), también contribuye a la mala situación coyuntural de las grandes petroleras el famoso gas esquisto o shale, o de lutitas, cuya explotación parece a la medida de empresas de tecnología más ágiles por su menor tamaño.

La nota del FT coincide, en parte, pero solo en parte, con la interpretación que hace de algún reportaje de The Economist el señor Alfredo Jalife, uno de los “ideólogos” de la izquierda mexicana que ya está en campaña para “defender” el petróleo mexicano. En su raro estilo de redactar (y lo raro, ya se sabe, es pariente de lo feo) Jalife dice que The Economist:

“…se alineó finalmente a la innegable realidad: en los años 50 las siete hermanas controlaban alrededor de 85 por ciento de las reservas globales. Hoy, más de 90 por ciento (¡supersic!) de las reservas se encuentran bajo control de las empresas petroleras nacionales (¡supersic!), que son propiedad, por lo menos en parte, de los gobiernos (¡supersic!). En el pasado, las empresas petroleras nacionales dependían del conocimiento tecnológico, habilidades administrativas de proyectos y el alcance global de las trasnacionales anglosajonas… En estos días, las empresas petroleras nacionales son capaces de actuar sin ayuda de las trasnacionales anglosajonas”.

En la actualidad, afirma Jalife, entre las 10 principales empresas de petróleo, seis son estatales: 1) Aramco (Arabia Saudita), 2) Gazprom (Rusia), 3) NIOC (Irán), 4) ExxonMobil, 5) PetroChina, 6) Kuwait Petroleum, 7) Shell, 8) Pemex, 9) BP y 10) Chevron.

En conclusión, sostiene Jalife, “sería recomendable que antes de tomar una decisión precipitada” sobre la reforma energética, “los poderes ejecutivo y legislativo de México lean detenidamente el epitafio de las trasnacionales anglosajonas en el tema del petróleo, como lo han sentenciado The Financial Times /The Economist, y sopesen que existen opciones mejores que entregarse a los muertos”

Hay hechos que Alfredo Jalife y otros “defensores” del petróleo mexicano ignoran o no expresan para seguir manipulando a las personas que creen en ellos, sobre todo a los jóvenes exaltados porque piensan que se pretende “privatizar” o “entregar” a extranjeros la riqueza nacional.

Tales ideólogos olvidan o no conocen el dato de que, en todos los países donde hay grandes empresas petroleras nacionales, excepto en México, Ecuador y Kuwait, se cuenta con esquemas que permiten la participación de decenas de empresas privadas, nacionales y extranjeras, con contratos de riesgo o concesiones, para poder explotar las reservas que tales naciones tienen.

En la mayoría de los países petroleros sus grandes empresas nacionales no operan solas. En Arabia Saudita participan muchas, prácticamente todas, las empresas privadas nacionales y extranjeras relevantes. En Noruega hay un régimen de concesiones. No hay duda, en la mayoría de las naciones productoras de petróleo el riesgo se comparte con las empresas privadas.

Pero eso no lo dice Jalife porque, como otros “defensores del petróleo mexicano”, lo suyo no es la verdad objetiva, sino la manipulación.

Y bueno, el ideólogo del nacionalismo petrolero se queda muy corto en su diagnóstico. El mundo ha cambiado en las últimas décadas, sin duda. Y uno de esos cambios ha sido el fortalecimiento de las grandes empresas petroleras nacionales. Pero ahora hay otro cambio, importantísimo, que debemos tomar en cuenta porque va en contra no solo de las grandes empresas petroleras nacionales, sino de los propios países petroleros.

El auge del gas shale o esquisto o de lutitas representa un riesgo no solo para las grandes compañías petroleras anglosajonas, sino también para los principales países productores de petróleo, como Arabia Saudita.

En un articulo publicado en el diario español El Economista, el experto Matthew Lynn, director ejecutivo de la consultora londinense Strategy Economics, analiza las recientes declaraciones del “príncipe e inversor multimillonario saudí Alwaleed bin Talal”. Este hombre, hace pocos días, sostuvo que “la revolución estadounidense del gas de esquisto (una modalidad de gas natural que se extrae de rocas de pizarra situadas bajo la superficie de la tierra) supone una amenaza. Su argumento era sencillo y bien fundado. Que Estados Unidos necesite menos petróleo saudí es una mala noticia para el país que lo exporta. Más le vale que empiece a diversificarse a otras industrias”.

Lo mismo puede decirse de otras naciones petroleras: “Como Arabia Saudí, hay muchos más países que dependen de las exportaciones de energía para mantener sus economías a flote. Lo cierto es que el gas de esquisto va a suponer una reorganización de los ganadores y perdedores en la economía global” porque “como con cualquier otra gran fuente nueva de energía, el gas de esquisto tiene el potencial de ofrecer una riqueza abundante a algunos países y quitársela a otros”.

¿Qué va a pasar en la próxima década? Matthew Lynn dice que Estados Unidos será “el vencedor más obvio” ya que ha sido “la primera gran economía en explotar la fracturación hidráulica y ya está experimentando el renacimiento de su industria manufacturera gracias a unos costos energéticos más bajos”.

Pero no es el único país que tiene gas de esquisto. Reino Unido lo tiene y lo quiere sacar, aunque enfrenta el problema de que “el gas se encuentra debajo de algunas zonas residenciales”. Polonia podría tener muchas reservas. Rusia también, pero al mismo tiempo posee petróleo, así que no es un país urgido de invertir en la nueva tecnología. La mayor reserva de Europa está en Francia, pero el presidente Hollande ha prohibido su desarrollo, si bien la necesidad de abaratar su energía tarde o temprano llevará a los franceses a recurrir al gas de esquisto. En otros lugares del mundo existe el gas de lutitas: China tiene importantes reservas, lo mismo que México…

Esos son los países ganadores con el desarrollo del gas de lutitas. ¿Y los perdedores? “Todos los grandes exportadores de petróleo y energía sufrirán”.

Dice Matthew Lynn: “Oriente Medio se verá muy afectado. Países como Arabia Saudí pueden intentar diversificarse hacia nuevos sectores pero lo cierto es que si fuera tan fácil ya lo habrían hecho. Irán se verá en apuros, tanto como Libia y otros países del golfo como Qatar. Nadie querrá apostar mucho por la prosperidad de Dubai si deja de ser el eje financiero de una de las regiones más adineradas del mundo. Nigeria y Venezuela estarán bajo presión. Noruega, el sexto mayor exportador de petróleo del mundo, ha ahorrado sensatamente gran parte de esa riqueza pero le costará seguir siendo uno de los países más ricos del mundo con esa industria en declive. Rusia puede que tenga gas de esquisto pero son sus exportaciones de petróleo lo que la mantienen a flote”.

Los problemas para esos países serán no solo económicos, sino políticos: “Los regímenes de muchos de esos países se irán a pique si la economía sufre. ¿Podrán sobrevivir los gobiernos de Arabia Saudí, Irán, Rusia, Nigeria o Argelia a una depresión económica grave? No apueste demasiado por ello”.

El mundo está cambiando, México debe cambiar. Su legislación petrolera es obsoleta. Tenemos, al menos, que permitir los contratos de riesgo o de producción compartida, como lo hacen otros países petroleros.

La iniciativa de reforma petrolera que, según se ha anunciado, mañana firmará el presidente Enrique Peña Nieto, es una muy buena noticia tanto para las empresas que invierten en el sector, que necesitan llevar sus recursos a regiones más seguras, como para la economía mexicana, que por un lado recibirá las inversiones en un marco de riesgo muy bajo, y por otro lado se fortalecerá en la medida en que se consolide la tendencia a la baja del precio de los energéticos, pues nos beneficiaremos de lo que ya parece un gran proceso de reindustrialización en Estados Unidos.

Los grandes capitales, que se han ido a invertir buscando petróleo en África, batallando mucho en países complicados como Nigeria, van a preferir hacerlo en las aguas profundas del Golfo de México, donde ya lo hacen, pero solo en la parte estadounidense. Con certeza jurídica, será sencillo que exploren en las aguas mexicanas pues tienen muy cerca la infraestructura para hacerlo. Nadie puede garantizar el éxito en tales proyectos, pero ese es el punto: que a pesar del riesgo, que México compartirá o de plano no tomará, las inversiones se darán, ya que no es lo mismo llevar infraestructura desde Estados Unidos a Nigeria o a otros países de África que simplemente moverla un poco hacia el lado mexicano.

Para explorar y explotar el gas shale con la mejor tecnología disponible también se necesitan inversiones, y estas solo llegarán con cambios legales que den certeza a los inversionistas.

La clave es que el gobierno de México tenga muy buena capacidad regulatoria para aprovechar, sin que nada se salga de control, la tecnología, el capital y el deseo de invertir, en riesgo pero con certeza jurídica, que tienen las grandes empresas. El gobierno se beneficiará por las regalías, impuestos y derechos que las empresas contribuirán. Esa será la única manera de maximizar la renta petrolera para que beneficie al interés nacional y a las generaciones de hoy y de mañana.

Con cuadros tan competentes en el gobierno mexicano, como el secretario de Hacienda, Luis Videgaray; el director de Pemex, Emilio Lozoya, y otros técnicos de primera, reconocidos mundialmente, como Agustín Carstens, podemos confiar en que la reforma energética dejará al gobierno con la mayor y mejor capacidad regulatoria, de tal forma de que las grandes empresas que inviertan no signifiquen problemas incontrolables.

La era del petróleo fácil se acabó. Y, con las nuevas tecnologías, probablemente se acabó la era de las naciones petroleras inmensamente ricas.

De ahí la necesidad de adaptar las leyes a los nuevos tiempos. Para eso es la tan llevada y traída reforma energética.