domingo 20 de abril de 2014 | 09:04
Columnas

Reforma energética, ¿y el diálogo con Cuauhtémoc Cárdenas cuándo?

Federico Arreola @FedericoArreola mié 7 ago 2013 12:54

El diálogo con la izquierda no debe darse solo con los chuchos, en los que nadie cree. Tampoco debe ser un antidiálogo, esto es, un enfrentamiento de poder a poder, de fuerza contra fuerza, entre el gobierno de Peña Nieto y el movimiento de López Obrador, la calle contra las instituciones.

Seis años, probablemente siete años de mi vida los pasé no solo muy cerca de Andrés Manuel López Obrador, sino como un militante de su causa. Traté ahí a muchas personas de izquierda como Jesús Ortega y Jesús Zambrano, los chuchos. Creo tener elementos de sobra para juzgarlos.

Los chuchos son hábiles, ni duda cabe. Saben entenderse con el poder, pero carecen de credibilidad entre la gente. Ninguno de ellos ha sido candidato a un cargo realmente importante. Cuando Ortega lo intentó, en 2006, fue derrotado por Marcelo Ebrard.

Ese año, como Ebrard se quedó con la candidatura a jefe de gobierno del Distrito Federal, López Obrador decidió conformar a Chucho entregándole la coordinación general de la campaña presidencial. Lo hizo porque en el PRD los chuchos tenían fuerza. Si el presidente del partido era Leonel Cota, del grupo de Andrés Manuel, la verdad de las cosas es que Ortega y Zambrano controlaban no pocas de las dirigencias estatales y tenían a mucha gente en los órganos centrales de dirección. Los chuchos nunca me parecieron políticos ni siquiera medianamente admirables por sus principios. Pero son muy hábiles, insisto: buenos para la maniobra, para la intriga.

Después de las presidenciales de 2006 Andrés Manuel buscó que a Cota lo reemplazara como líder del PRD uno de los suyos. El tabasqueño se equivocó al confiar en un político muy menor, sobrevaluado, sin personalidad, poco trabajador… pero, ni hablar, alguien a quien Andrés Manuel quiere mucho. Hablo de Alejandro Encinas.

En ese tiempo, cuando Encinas y Ortega se enfrentaron por la presidencia del PRD, yo todavía tenía comunicación con Chucho; después la perdí, lo he criticado muy duro y ya no nos hablamos. Aquella vez le dije a Ortega: “Te la pusieron fácil con Encinas”. Me replicó: “No va a ser nada sencillo y nos vamos a dividir por culpa de Andrés Manuel. No voy contra Encinas, voy contra Andrés, y contra Ebrard, que como jefe de gobierno no debería meterse, pero se va a meter porque no puede llevarle la contra a Andrés. Lo de menos es Encinas. El problema es que nos vamos a dividir”.

Chucho ganó la partida en una elección muy sucia y se dividieron. Desde entonces los chuchos, que no han perdido el control del PRD, van por un camino y López Obrador por otro muy distinto. No se dirigen al mismo lugar, pero a pesar de eso, unieron fuerzas en las presidenciales de 2012.

El año pasado le fue bien a Andrés Manuel: quedó segundo en la carrera por la Presidencia de la República. Pero a los chuchos les fue mucho mejor: el segundo lugar de López Obrador significó para ellos, no para AMLO, convertirse en la principal fuerza política en el Congreso después del PRI.

Senadores y diputados leales a López Obrador hay muy pocos. Senadores y diputados chuchos, abundan. Por esa razón los chuchos del PRD son ahora muy notables o notorios. Ellos están entre los importantes del Pacto por México, lo que no es poca cosa. Gracias a la popularidad de Andrés Manuel.

Ahora, en las reuniones importantes del Pacto participan representantes del gobierno (normalmente el secretario de Hacienda, Luis Videgaray; el de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y el jefe de la Oficina de la Presidencia, Aurelio Nuño) y también líderes del PRI, PAN, PRD.

Me entristece ver a los chuchos en negociaciones tan importantes, ellos que no pueden presumir ni popularidad ni credibilidad y que no se caracterizan por defender principios. Duele el espectáculo de la peor izquierda influyendo en temas de tanta relevancia.

Lo he dicho antes y lo digo hoy: los chuchos son lo peor de la izquierda mexicana. ¿Lo mejor de la izquierda? Andes Manuel López Obrador y algunos de sus seguidores. Estoy distanciado de él, pero sigo pensando que Andrés es el hombre más honorable y con más principios en la izquierda.

Por lo tanto, considero una desgracia que un asunto tan trascedente como la reforma energética lo tenga que discutir Luis Videgaray, un hombre que como Andrés me inspira confianza, por inteligente y honesto; me deprime que alguien como Videgaray tenga que discutir la reforma energética con los chuchos y no con López Obrador. Es que los chuchos son personas muy lamentables, no me gustan…

No dialoga Videgaray con Andrés Manuel, lo sé, porque Andrés no quiere, porque decidió mejor ir a la calle a protestar. Es la desgracia de la izquierda, que el mejor hombre esté cerrado a cualquier cambio.

Estoy seguro que si Andrés estuviera en el poder, y le deseo de todo corazón que logre sus objetivos, haría lo correcto, es decir, buscaría una reforma energética parecida a la de Videgaray y Peña Nieto. Como no está en el poder, su estrategia política es otra, lo que me parece respetable, aceptable y democrático. Pero al mismo tiempo me desalienta porque se está decidiendo algo fundamental para México y Andrés no participa, o lo hace, pero como antagonista, luchando con mucha energía contra la reforma.

¿Cuál es la salida? Siempre ha estado ahí: Cuauhtémoc Cárdenas. Me gustaría ver, antes de que el presidente Enrique Peña Nieto presente su iniciativa de reforma –hoy mismo, mañana, no hay mucho tiempo–, a Videgaray dialogando con el ingeniero Cárdenas.

Si los chuchos son lo peor de la izquierda y Andrés el mejor, ¿qué decir de Cárdenas? Simplemente que, desde hace años, está ubicado en un nivel superior al de la disputa entre derechas e izquierdas; Cuauhtémoc es simple y sencillamente un hombre con autoridad moral.

Una persona tan sensata tiene que ser tomada en cuenta. La iniciativa del gobierno, antes de hacerse pública, debe pasar por un dialogo suficientemente amplio y público con el ingeniero Cárdenas; quizá ha habido diálogos privados, no lo sé. Lo que sí sé es que México merece que el gobierno escuche al fundador del PRD.

El diálogo con la izquierda no debe darse solo con los chuchos, en los que nadie cree. Tampoco debe ser un antidiálogo, esto es, un enfrentamiento de poder a poder, de fuerza contra fuerza, entre el gobierno de Peña Nieto y el movimiento de López Obrador, la calle contra las instituciones. Eso no, no lo merece México. Ya no.