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Columnas

Petróleo. Los textos sagrados (y diabólicos) que interpreta @AlfredoJalife

Federico Arreola @FedericoArreola dom 30 jun 2013 12:27

El señor Alfredo Jalife-Rahme Barrios ha publicado este domingo en el diario La Jornada un artículo sobre la reforma energética: “Bajo la lupa. Feudalización de los energéticos de México: hermenéutica de una privatización encubierta”.

Empieza diciendo que “cualquier debate civilizado sobre el destino de los energéticos en México debe compartir un común léxico universal”. Según él, “el caos deliberado del lenguaje forma parte de la confusión conceptual que favorece la privatización encubierta en beneficio de las trasnacionales anglosajonas”.

Su contribución para civilizar el debate se basa en descalificar y aun ofender a las personas que no comparten su punto de vista: “Los dinosaurios de México, su sector político más atrasado que anhela la privatización encubierta, ignoran la semántica del término ‘moderno’ que usan en forma desregulada y cuyo significado real es: ‘Que ha sucedido recientemente (Real Academia Española: RAE)’ y ‘Que pertenece a los tiempos presentes y recientes’ ( The Oxford University Diccionary)…”

Supongo que Jalife aceptará que “salvaje” es un antónimo de “civilizado”. Nada hay más salvaje (“sumamente necio, terco, zafio o rudo”: RAE) que pretender debatir en el estilo de Jalife: desacreditando con expresiones hirientes a sus oponentes y, peor aún, partiendo de la premisa de que solo él sabe (ya lo dijo, “los dinosaurios ignoran”).

Después de expresar que él es el único que entiende, pasa a responder una pregunta: “¿Qué ha sucedido recientemente? Pues que las tendencias de la corriente histórica en la década de 2000 es la restatización/renacionalización; no la privatización”.  Para darle solidez a su tesis Jalife cita al diario que en el mismo artículo, más adelante, descalifica por privatizador, el Financial Times.

Por lo tanto, “la privatización encubierta del Pacto por México es antimoderna y retrocede a México a etapas porfirianas con las sucesoras de las mismas trasnacionales liquidadas y, peor, a la feudalización medieval del control financierista por las empresas anglosajonas tanto en las aguas profundas del Golfo de México y en las transfronteras como en la explotación telúrica del gas esquisto ( shale gas)”.

Esa es la verdad, dice Jalife, y no hay ni puede haber otra. Lo que sigue en su artículo es puro rollo:

“La máxima ‘joya geoestratégica del planeta’, los hidrocarburos, no se mueven en reductos cerrados: forman parte sustancial e intrínseca del incipiente nuevo orden multipolar que gestó el advenimiento de las ‘nuevas siete hermanas estatales’: Aramco (Arabia Saudita), Gazprom (Rusia), NIOC (Irán), Pdvsa (Venezuela), Petrobras (Brasil), CNPC (China) y Petronas (Malasia), sin contar las relevantes estatales INOC (Irak) e Indian Oil, además de Statoil (67 por ciento propiedad de gobierno noruego). Hoy los hidrocarburos no son lo mismo que en la etapa geopolítica bipolar ni la etapa unipolar cuando dominaron las añejas ‘siete hermanas anglosajonas’ (condensadas en dos estadunidenses Exxon Mobil y Chevron, y dos británicas BP y Shell, ésta con participación holandesa)”

Para Jalife las “siete nuevas hermanas estatales” controlan la producción y las reservas de petróleo y gas, pero… no mandan. Esas “hermanas estatales”, así lo expresa Alfredo Jalife, han sido literalmente aplastadas por “las trasnacionales anglosajonas” y su “alquimia financierista” que se expresa en dos “factores nodales: 1) el orden financierista global de la dupla anglosajona EU/Gran Bretaña (GB) y su paraguas nuclear, y 2) el dominio artificial de los megabancos anglosajones mediante la desregulada globalización y sus ominosos derivados financieros: ‘armas financieras de destrucción masiva’ (Warren Buffett dixit)”.

¿Y luego?

Pues nada, que don Alfredo Jalife, como lo dice él mismo en el título de su columna, hace “hermenéutica”, es decir, se lanza con entusiasmo a practicar el “arte de interpretar textos y especialmente el de interpretar textos sagrados” (RAE). Y así, de la lectura de algunos libros (bendecidos, seguramente) que recomienda en su artículo, el señor Jalife dilucida que el presidente Enrique Peña Nieto y su secretario de Hacienda, Luis Videgaray, aunque afirmen que no van a privatizar el petróleo mexicano, sí lo van a hacer porque, qué carajo, eso dice el Financial Times, diario al que el columnista de La Jornada considera una especie de oscura biblia del demonio capitalismo y de los tiempos actuales (en el FT se basa para sostener que lo de hoy no es la privatización, sino la restatización).

Como el FT es un periódico diabólico, esto es, prácticamente tan infalible como cualquier texto dictado por la divinidad, si ahí se dice que Peña Nieto quiere privatizar Pemex, pues así es, y punto (en realidad los editores británicos no han dicho tal cosa, pero Jalife interpreta de esa manera una entrevista que le hicieron a EPN, y su interpretación, como la de todo teólogo bien iluminado desde el cielo, a fuerza es la correcta).

En 2008 en la revista Letras libres, dirigida por Enrique Krauze (el hombre al que tanto ataca Alfredo Jalife en las redes sociales de internet), se habló de la “teología del petróleo”. Teología, conste, no geología. Porque para los apasionados defensores del hidrocarburo y de Pemex no estamos ante un tema económico o de ingeniería que debe ser discutido con argumentos técnicos, sino ante un asunto religioso.

Por eso, Jalife hace “hermenéutica” (interpreta textos sagrados). Por eso, no da una sola razón económica o tecnológica para apoyar sus tesis. El petróleo es como Juan Diego o la Virgen y son herejes los que quieren “privatizarlo” (que nadie pretenda hacerlo es lo de menos; Jalife interpreta que van a privatizar y es suficiente para denunciar semejante crimen).

Así no se puede, de plano. Porque Jalife, contra lo que él mismo afirma, no busca un debate civilizado, sino apoyar una cruzada para defender la santa naturaleza del petróleo. Y como Jalife piensan no pocos políticos e intelectuales que están decididos a dar la vida defendiendo al petróleo.

Bueno, en realidad tales políticos e intelectuales de izquierda no van a dar la vida ni se van a violentar de ninguna manera porque, es un hecho, casi todos ellos son pacifistas. Creo que no tienen razón; que participen inversionistas privados en la industria petrolera ni es malo ni significa que se vaya a privatizar Pemex. Pero admito la posibilidad de estar equivocado.

El problema es que los nacionalistas suelen dar muy pobres argumentos. Si en vez de dedicarse a la hermenéutica, como el señor Jalife, se dedicaran a presentar solo argumentos técnicos y económicos perfectamente documentados, quizá convencerían. No convencen porque, lo acepten o no, los nacionalistas han entregado el monopolio de la discusión objetiva a los partidarios de la reforma energética. Ojalá, por el bien del debate, modifiquen su estrategia.