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Columnas

De Kafka y sus relaciones ambiguas con el padre

Ramiro Padilla @ramiroatondo vie 14 jun 2013 20:04

García Márquez diría que después de leer la metamorfosis entendió que en la literatura todo se puede. Un oscuro trabajador que amanece convertido en cucaracha no merecería un minuto de nuestra atención de no ser por la manera en la que está escrita la historia. El poder de persuasión diría Vargas Llosa. Aunque Kafka fue poco conocido mientras vivió, la astucia de Max Brod al fingir que quemaría sus escritos le reservó un lugar sin parangón en la literatura universal. ¿Cuántos Kafkas  habrá por allí escribiendo obras maestras, temerosos de publicar sus escritos?

Hay una circunstancia especial que permea los escritos del autor Checo. De hecho, hay un libro que brindaría las pistas necesarias para entender su personalidad reclusiva y poco sociable: Carta al padre, el cual leí en la adolescencia. El abuso emocional del cual fue objeto lo explica de manera diáfana:

Queridísimo padre:

“Hace poco me preguntaste por qué digo que te tengo miedo. Como de costumbre, no supe darte una respuesta, en parte precisamente por el miedo que te tengo, en parte porque para explicar los motivos de ese miedo necesito muchos pormenores que no puedo tener medianamente presentes cuando hablo. Y si intento aquí responderte por escrito, sólo será de un modo muy imperfecto, porque el miedo y sus secuelas me disminuyen frente a ti, incluso escribiendo, y porque la amplitud de la materia supera mi memoria y mi capacidad de raciocinio.”

La publicación de este libro hace de Kafka representante de todos aquellos con relaciones conflictivas con sus progenitores.  Claro está que en comparación con otros escritores Kafka no estaría en la eterna búsqueda del padre, porque el padre es omnipresente incluso en sus ausencias a diferencia de Juan Rulfo y su Pedro Páramo, que personalizaría el arquetipo del padre y cuyo inicio es uno de los más leídos en la historia:

Vine a Comala porque me dijeron que aquí vivía mi padre, un tal Pedro Páramo.

Esta concepción del padre lejano, una especie de Saturno que podría devorar a sus hijos al menor intento deviene de una tradición estrictamente europea cuyo apéndice español heredaríamos los mexicanos. La imagen del padre ausente que solo regresa ocasionalmente y castiga con severidad.

Otros autores han explicado esta relación contradictoria, Paul Auster lo haría con maestría en su libro La invención de la soledad.

Aunque la realidad pudiese ser que el padre de Kafka no era tan malo como aparece en el libro, Frantisek Xaver Basic, que trabajó con su padre, diría en un libro que no era un déspota. La realidad es que la imagen del padre abusivo se ha quedado hasta nuestros días.

Un gran material para la literatura universal podría haber resultado de la reacción de su padre. Sabemos que se la entregó a su madre esperando que ella a su vez se la entregase a su padre, pero  optó por devolvérsela. Si el padre tenía una constitución autoritaria quizá pudiésemos prever una reacción encolerizada de acuerdo a las estructuras sociales de la época. Pero al parecer Kafka había llegado a cierta etapa en su vida en la que había decidido la confrontación aunque fuera de manera indirecta como una especie de reafirmación.

Ambos protagonistas de este libro jamás imaginarían que su relación tormentosa llegaría a ser publicada a todos los idiomas posibles pues este libro,(carta larga o libro corto) vería la luz hasta 1952 bajo el título Brief an den Vater publicada originalmente en alemán.

Lo que queda claro en la obra de Kafka es la sensación de indefensión ante estructuras autoritarias de todo tipo. No es característica única de Kafka la de expresar sus temores y complejos a través de simbolismos y metáforas. No es gratuito que Gregor Samsa  sea un oscuro trabajador. Puede ser el alter ego del escritor cuyo temor reverencial al padre lo hacía temblar.

Hay cierta descripción pugilística en el inicio:

Tú sencillamente me vas a pisotear, sin que quede absolutamente nada mío. También es una descripción maniquea, como de caricatura;

El padre es grande, fuerte, ancho, de voz potente, deportista, determinado, perseverante, con presencia de ánimo, severo, con espíritu de conquista en la vida.

El hijo es flaco, débil, estrecho, inseguro, asustadizo, incapaz, falto de seguridad en sí mismo, hipersensible, que interrumpe a menudo sus proyectos, que no termina nada.

Y con estas descripciones se da por descontado que Kafka ha perdido sin siquiera presentar  pelea. Lo  que le interesa es el reproche. No es un tipo rudo. La disciplina del padre ha obrado el efecto contrario de lo que se espera. El temperamento del hijo es inverso al suyo. La debilidad es mal vista aunque el muchacho sea extremadamente inteligente. Pero su inteligencia deviene en raquitismo físico y emocional, canalizado sobre todo a la lectura.

Ricardo Piglia lo explicaría en El último Lector al hablar de la compleja relación que Kafka entabla con Felice Bauer su lectora más contumaz:

“Se trata de una maniobra mínima en una larga y compleja estrategia, una especie de guerra de posiciones bastante típica en la obra de Kafka”.

Guerra de carácter simbólico que entabla con su padre, cuyo pasado a su vez determina sus comportamientos. Hermann Kafka ha crecido en la miseria, desea que sus hijos superen esa condición en una ciudad donde coexisten checos alemanes y judíos. En Franz esta sensación de desasosiego, de falta de sentido de pertenencia lo marcaría de por vida. No es checo ni alemán. Sin embargo habla checo y alemán. Es como el inmigrante que llega a un nuevo país sin haberlo abandonado jamás. La ambigüedad lo ha acompañado toda la vida. Un padre que disciplina a sus hijos de la manera más estricta pero que no se siente obligado a seguir las mismas reglas provoca en Franz un gran conflicto, que resuelve escribiéndole una carta que no lee jamás. Yo soy yo y mi circunstancia diría Ortega y Gasset. Kafka fue uno y su circunstancia. Quizá la amistad con Max Brod sea uno de los accidentes más felices en la historia de la literatura, porque esta jamás dejará de reflejar al hombre en su contexto histórico. Y la relación de Franz con su padre será la de todos los hijos con sus padres según descubrió Freud.

Sin proponérselo Kafka abrió un amplio camino para entender nuestra sociedad actual. Fue profético aunque el rol del padre haya sido suplantado por la sociedad de consumo. Saturno es hoy el sistema.