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Columnas

Diversidad cultural

Mónica Hernández Bennettz @MONICATEPEC mar 21 may 2013 08:47

El 2 de noviembre de 2001, la Organización de las Naciones Unidad para la Educación, la Ciencia y la Cultura, emitió la Declaración Universal de la Unesco sobre la Diversidad Cultural.  En ella, sostiene que la cultura adquiere formas diversas a través del tiempo y del espacio. Esta diversidad se manifiesta en la originalidad y la pluralidad de las identidades que caracterizan a los grupos y las sociedades que componen la humanidad. Fuente de intercambios, innovación y creatividad, la diversidad cultural es tan necesaria para el género humano como la diversidad biológica para los organismos vivos. En este sentido, constituye el patrimonio común de la humanidad y debe ser reconocida y consolidada en beneficio de las generaciones presentes y futuras. 

Día a día, la vida diaria limita nuestro actuar a manifestaciones cada vez más personales.  Vivimos, trabajamos, satisfacemos nuestras necesidades e iniciamos el nuevo día.  En esta dinámica, se torna más más difícil reflexionar sobre temas que, pereciendo ajenos, están presentes en todo momento.

Observamos con indiferencia, o tal vez como algo totalmente común, a las asociaciones de ciudadanos originarios de otros estados, sus manifestaciones artísticas, culinarias, vestimenta, música, etc. Sucede lo mismo con los grupos étnicos que encontramos en la calle, su lenguaje, artesanías, creencias etc.  No entendemos que lo que somos, lo que vivimos y nuestras expectativas, mucho tienen que ver con su existencia.  Con la diversidad cultural.

La protección de esta riqueza debe atender un conjunto de temáticas que van desde la diversidad étnica a la lingüística.  Tiene que ver con que cada Estado entienda que forma parte de su patrimonio y que debe proteger ese legado, a través del desarrollo de políticas enfocadas a su reconocimiento, protección y promoción. Su visión y programas de gobierno, debe atender la existencia de la diversidad cultural.

El Estado de México es ejemplo de ello.  Son tres las piezas, sobre todo, las  que dan vida al caleidoscopio que representa la diversidad cultural mexiquense: quienes nacieron en la entidad y son producto de un proceso histórico de mestizaje y modernización; quienes son producto del mismo proceso pero no nacieron en el estado y, mediante el fenómeno de la migración, hoy forman parte de él (37%, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía);  y, la población indígena,  que en 2010, estaba constituida por más de 379 mil personas de tres años o más, hablantes de alguna lengua indígena. Incluyendo esta última, a más de 277 mil personas pertenecientes a los grupo originarios de la entidad (mazahua, otomí, nahua, tlahuica y matlatzinca); y cerca del 26.8% del total,  indígenas originarios de estados como Oaxaca, Guerrero, Hidalgo y Veracruz.

Entre todos damos vida a nuestro ser estatal y aportamos a nuestro ser nacional.  Por eso, es de justicia y lógica proteger y garantizar la existencia de todos.  Los objetivos del Gobierno del Dr. Eruviel Ávila, radica en dos líneas: mejoramiento de su calidad de vida y la protección de su existencia, como los grupos culturales que dan vida a la diversidad mexiquense.

Por ejemplo, la realidad indígena en la entidad está marcada por elevados niveles de marginación. Con insuficiencia de servicios básicos, deficiencias en vivienda, falta de oportunidades laborales y discriminación. Su calidad de vida está deteriorada, con empobrecimiento patrimonial, alimentario y cultural.  La administración mexiquense ha respondido a ello con acciones de corte social y económico, a las que ha sumado el fomento de su  identidad y costumbres. Mejoramiento de su bienestar y  respeto y defensa de la diversidad cultural.

En el Estado de México, debemos hacer posible lo señalado por el autor argentino, Carlos Juan Moneta: “de todos los futuros posibles hay uno por el que aún podemos optar reconociendo la diversidad, promoviendo el diálogo entre civilizaciones, la investigación conjunta sobre los valores colectivos. Hay entre todos los senderos posibles uno en que los caminos se encuentran, en el que somos capaces de atrevernos a soñar los sueños de los otros, incluso a ser el otro por un momento”.