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Columnas

La Rosa de Guadalupe. Elogio de "la pedagogía Televisa"

Anel Guadalupe Montero Díaz @Anelin00 jue 2 may 2013 08:24

¿De qué estamos hablando entonces? ¿del fracaso de la escuela, como tantas veces reitera un mismo discurso legitimador? ¿de un Estado doblegado ante el poder del duopolio televisivo? ¿de una familia inerme ante el poder de los mensajes y discursos del duopolio televisivo?


 Ayer domingo, en su columna de Milenio El Pozo de los deseos reprimidos, Álvaro Cueva comentó:  “¿Cuál es la nota? Que el programa más revolucionario de la televisora más poderosa de México está cumpliendo su primer sexenio y que, al mismo tiempo, está llegando a su capítulo número 500 con el mismo éxito de siempre, rompiendo esquemas, provocando reacciones” y es que la nota, titulada “¡Que viva “La Rosa de Guadalupe”![1] exalta los elementos pedagógicos de la serie “Desde el sexo anal sin protección hasta el consumos de drogas y la pérdida de la virginidad, pasando por el secuestro, el bullying, el aborto, la trata de personas y las peores noticias de los periódicos”

Si en México, los jóvenes están recibiendo este tipo de información como público cautivo de Televisa, algo muy grave está sucediendo en los hogares de todo el país.

Esto es digno de resaltar, porque en estos momentos, discursos legitimadores basan sus argumentos en la desventaja de la escuela mexicana, sus procesos, maestros y resultados comparada con sus homólogos finlandeses, sin contemplar que en ese país, el 80% de las familias visita una biblioteca los fines de semana y los padres que trabajan tienen subvenciones del Estado, en aras de ocuparse de sus hijos y atenderlos personalmente.

Aquí en México, difícilmente se le concedieron cinco días de permiso (sí, leyó usted bien, cinco días) a los Padres de Familia después de que sus esposas den a luz, porque no consideran importante el apoyo y mucho menos la presencia del varón en casa[2] (¿?)

Por eso no es de extrañar que aquí en México, como evidencia el lamentable artículo del señor Cueva, necesitemos de Televisa y de programas como La Rosa de Guadalupe para abordar temas nodales en la construcción de las personas y sus formas de conocer e interpretar el mundo. El señor Cueva está extraviado, porque reconoce en La Rosa de Guadalupe “un mérito” que no es tal. Televisa no educa, vende programas.

“(…)este proyecto está dirigido a uno de los mercados más numerosos, desatendidos y necesitados de información de nuestro pobre México: el mercado infantil y juvenil. Se necesita mucho talento para hablarle de temas como el suicidio, la automutilación y las tribus urbanas a un público tan sensible. La gente de La rosa de Guadalupe tiene ese talento y más”

Es curioso, pero en la soba de elogios, el señor Cueva pasó por alto los señalamientos de la sociedad mexicana a este programa en especial, porque se le atribuye responsabilidad en por lo menos dos casos de suicidio[3] . Usted recordará, estimado lector, que ante el escándalo y la polémica, Emilio Azcárraga salió al paso para afirmar “La TV no es niñera”[4].

Sin embargo, según el señor Cueva, la televisión y los programas basura que ahí se producen, no solamente fungen como niñeras, sino como maestros, padres, amigos y hermanos.

¿De qué estamos hablando entonces? ¿del fracaso de la escuela, como tantas veces reitera un mismo discurso legitimador? ¿de una crisis de valores? ¿de un Estado doblegado ante el poder del duopolio televisivo?

Sólo en México, los profesores son estereotipados, difamados y están rehenes de la ambición de grupos y cotos de poder, en cambio los “analistas” y “expertos”, cuya voz es capaz de llegar a millones de personas, sostienen que “las personas involucradas en ese proyecto (La Rosa de Guadalupe) están haciendo algo importante por el bien del país”.

“¿Por el bien del país?” Según Azcárraga, sólo están haciendo negocio, señor Cueva.

“Dígame si no es como para ponerles un monumento. Dígame si no es para hacer un estudio muy profundo porque La rosa de Guadalupe es un cañonazo de audiencia no nada más en México, en Estados Unidos y en la mayor parte del continente”

En esto, tiene razón. Hay que hacer un  estudio serio de las implicaciones de “la pedagogía Televisa” en los hogares mexicanos, de la parte de responsabilidad que le corresponde en eso que llaman “debacle educativa” y, por supuesto, de aclarar las muertes de los niños cuyas familias reportaron que las acciones de los menores se llevaron a cabo en aras de imitar lo que ellos interpretaban del episodio basura que estaban viendo, sin que mediara la familia o el criterio propio…entre tanto, lo del monumento puede esperar.

Es grave que en la “impecable” línea argumentativa del señor Cueva, no haya lugar para la crítica que no vea las cosas como él las presenta: “Quien ataca esta joya de la televisión nacional con leyendas como “Que no te eduque La rosa de Guadalupe” es porque no lo ha visto, por pura pose”

¿Usted qué opina, estimado lector?