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Columnas

El recuento en Venezuela (y en México 2006)… o la política como el reino de la incoherencia

Federico Arreola @FedericoArreola lun 15 abr 2013 10:15

La Venezuela dividida el único lujo que no se puede dar es el de rehuir el recuento. Si los chavistas insistieran en que ya ganaron y se negaran a contar de nuevo los sufragios, provocarían una crisis terrible.

Creo que fue Jorge Luis Borges el que dijo que el gran descubrimiento de los políticos es que no necesitan ser coherentes. Ni los políticos ni los analistas políticos.

La política es el reino de la incoherencia.

Toda la gente de derecha que, en las presidenciales mexicanas de 2006, se oponía al recuento de votos, a pesar de la estrecha diferencia entre el PAN y el PRD, hoy exige el recuento en Venezuela, donde ayer domingo hubo un resultado muy cerrado.

Y al revés, todas las personas de izquierda que en 2006 protestaban porque el PAN y el gobierno no querían contar de nuevo los sufragios en México, hoy piden que no se vuelvan a contar en Venezuela.

Es decir, hágase la democracia en los bueyes de mi compadre.

Desde luego, los ciudadanos que en 2006 se opusieron el recuento en México, tienen todo el derecho de exigirlo en Venezuela.

Y, claro está, quienes en 2006 salieron a la calle para demandar el recuento en las presidenciales mexicanas, tienen el derecho y, sobre todo, la obligación de demandar lo mismo en el caso de las elecciones venezolanas.

A lo que nadie tiene derecho es a defender que se mantenga, a cualquier costo, un triunfo dudoso, como el Nicolás Maduro sobre Henrique Capriles ayer, o el de Felipe Calderón sobre Andrés Manuel López Obrador hace casi siete años.

En 2006, aunque el resultado oficial dio el triunfo a Calderón por un estrecho margen, muchos quedamos convencidos de que hubo fraude y de que el verdadero ganador de la contienda electoral había sido López Obrador.

No hubo recuento, Calderón por lo tanto fue un presidente ilegítimo. Para corregir esa situación, es decir, buscando obtener con un solo golpe espectacular la legitimidad que las urnas de votaciones no le dieron, el gobierno panista metió a la sociedad mexicana en una absurda guerra contra el crimen organizado de la que todavía no encontramos la forma de salir.

En Venezuela el resultado oficial ha dado vencedor, por unos cuantos votos, al chavista Maduro, que compitió con todo a su favor.

El derrotado, que quizá no lo sea después de un recuento, Capriles, pide que todos los votos se vuelvan a contar.

Se supone que así ocurrirá, ¿o no se comprometió Maduro a ello? El problema es que nada se ha dicho acerca del cómo y el cuándo. Los venezolanos, por lo tanto, tendrán que ser muy tercos en su exigencia de un recuento total para que los chavistas no se burlen de ellos.

La Venezuela dividida el único lujo que no se puede dar es el de rehuir el recuento. Si los chavistas insistieran en que ya ganaron y se negaran a contar de nuevo los sufragios, provocarían una crisis terrible.

Los votos en Venezuela deben volver a contarse, de inmediato. Si se confirma el triunfo de Maduro, pues habrá que aceptarlo, aunque habrá que seguir señalando que se dio jugando con ventajas indebidas, lo que como mínimo debe dar paso a una reforma electoral. Y si el resultado cambia, entonces los chavistas, con un sentido de la responsabilidad democrática que hasta el momento no han mostrado, deberán entregar el poder a Capriles, y punto final.