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Columnas

Extrema riqueza frente a pobreza extrema, ¿cuál es el plan del gobierno?

Eliane Sales @elianesales0 dom 14 abr 2013 08:44

Los objetivos de las reformas estructurales son claros, pero si no se implementan bien, los resultados no serán los esperados. Los grandes cambios exigen esfuerzo responsable de todos. Ciertos grupos empresariales, políticos y sindicales se resisten al cambio y están “incómodos” con  las reformas, porque afectan su status quo, de privilegios.

En México vive el hombre más rico del mundo, Carlos Slim, y otros 14 empresarios multimillonarios según Forbes, frente a 13 millones de mexicanos que padecen pobreza extrema y carencia alimentaria severa, y 52 millones más que viven en situación de pobreza, según el Consejo Nacional de Población. La estructura actual del país es inoperante para enfrentar el reto de la desigualdad económica. Si no hacemos hoy cambios de fondo, el costo social y económico con el tiempo va a ser cada vez mayor.

La realidad en México es apremiante. ¿Cuál es el plan del nuevo gobierno? El presidente Peña Nieto, según se desprende del Pacto por México, busca enfrentar la desigualdad económica en dos planos, con un enfoque pragmático: 1.- Reformas estructurales que creen condiciones de movilidad económica y social. 2.- Responsabilidad social, para atender la pobreza extrema. ¿Es viable?

Con las reformas estructurales se buscan modificaciones de fondo, por medio de nuevas reglas del juego (seguridad jurídica), para incrementar las posibilidades de prosperidad de la población. Las reformas apuntan hacia metas concretas, de crecimiento y desarrollo económico.

A partir de la reforma educativa (quienes algunos llaman la “madre” de todas las reformas) y laboral, se sentaron bases iniciales para crear un sistema que prepare mejor a la fuerza laboral mexicana, para integrarla a las nuevas condiciones económicas mundiales.

No se trata de seguir generando mano de obra barata para las grandes empresas. Jorge Suárez en su libro sobre la gran oportunidad de México para crecer, señala que “las industrias con miles de obreros pertenecen a los libros de historia”, básicamente por los adelantos tecnológicos. El enfoque está en la productividad (para generar rentabilidad y empleos mejor pagados), la tecnología y la innovación. En México es prioritario, como lo ha señalado el secretario de Hacienda, Luis Videgaray,  revertir el crecimiento negativo de la productividad (-0.7% en los últimos 30 años), para impulsar utilidades, y aumentar el salario real de los trabajadores y mejorar sus condiciones de vida.

En el país empiezan a darse signos de movilidad económica y social. Según un estudio reciente del Banco Mundial, alrededor del 17% de la población mexicana se unió a la clase media, en la última década, pero solo cerca del 35% del total de la población pertenece a este estrato. Lo que se busca es acompañar  la tendencia mundial de aumento creciente de la clase media (según el BM, en América Latina creció 50% entre 2003 y 2009,  y en Asia se triplicará  para el 2020).

Para propiciar más oportunidades de inversión y empleo, e impulsar la movilidad en la economía, la reforma de telecomunicaciones en su aspecto más general, pretende “desmantelar” monopolios y  abrir mercados mediante mayor competencia (objetivo de la Comisión Federal de Competencia, aplicable a otros sectores). Por su parte, la reforma financiera, entre sus aspectos principales está enfocada a aumentar el crédito en mejores condiciones, y la inclusión financiera urbana y rural,  para fomentar la creación de micro, pequeñas y medianas empresas,  y apoyar a las existentes, que son las que generan 3 de cada 4 empleos en México. El aparato productivo del país está conformado básicamente por mipymes, según el INEGI.

El mexicano tiene una gran capacidad creativa y empresarial, por eso se busca sentar las bases para que ésta se desarrolle. Como referencia, en  el 2011, alrededor del 28% de los nuevos negocios en EU, que originaron 1 de cada 10 empleos en ese país, fueron creados por inmigrantes mexicanos (según  el estudio “Open for Business”, 2012).

Para generar bienestar social, hay que tener mayor actividad económica formal. En principio, la reforma fiscal buscará reducir la economía informal (6 de cada 10 mexicanos está en ella, -INEGI-), y la progresividad de los impuestos, para que pague más el que más tiene.  La reforma energética buscará eficientar la industria petrolera que repercuta en menores costos de insumos para la economía.

En el plano de su responsabilidad social, el gobierno contempla la Seguridad Social Universal, Seguro de Desempleo y Seguro de Vida para Jefas de Familia. Con muchos traspiés, se lanzó la “Cruzada contra el Hambre”, a cargo de la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, quien a la fecha no ha establecido una ruta clara de ésta, y aún no atina a deslindarla de su carácter asistencialista y partidista.  Se ha cuestionado mucho la participación de compañías como Nestlé y Pepsi en este tipo de programas, por lo que habrá que analizar bien si lo hacen con fines de responsabilidad social empresarial, o de negocio. El director de la FAO, Graziano Da Silva recientemente dijo que hay que aumentar la productividad en las zonas rurales con políticas públicas agrícolas, y mejorar en la gobernanza en lo que respecta a la seguridad alimentaria. Sin duda, hay que promover también la cultura microempresarial para crear comunidades autosustentables. Hay que trabajar mucho en materia social.

Los objetivos de las reformas estructurales son claros, pero si no se implementan bien, los resultados no serán los esperados. Los grandes cambios exigen esfuerzo responsable de todos. Ciertos grupos empresariales, políticos y sindicales se resisten al cambio y están “incómodos” con  las reformas, porque afectan su status quo, de privilegios. Vivimos un momento de coyuntura, ojalá que el escepticismo, los intereses creados, las dádivas políticas, y el antagonismo no nos alejen de la posibilidad del mejor país que podemos ser…el éxito o fracaso depende de todos…