domingo 26 de mayo de 2013 | 04:07

La larga espera del gobernador electo de Jalisco

Bibiano Moreno Montes de Oca @BibianoMoreno sáb 16 de febrero de 2013

Una de las primeras cosas que debe hacer el gobernador electo de Jalisco, Aristóteles Sandoval Díaz, una vez que haya tomado posesión de su cargo, el primero de marzo próximo, es enviar al congreso local una iniciativa que acorte el plazo que media entre la elección y el asumir el poder en una de las entidades federativas más importantes del país.

La elección de gobernador del estado de Jalisco fue el primero de julio del año pasado, misma fecha en la que también se eligieron a sus colegas –ya en funciones— de Chiapas, Guanajuato, Morelos y Tabasco. Por supuesto, en esa misma ocasión se votó por el nuevo presidente de México, por senadores y diputados federales, así como por alcaldes y diputados locales en algunas otras entidades.

En todos los estados en los que se eligió gobernador, pues, éstos asumieron el encargo desde el año pasado, con la excepción del jalisciense. El propio Enrique Peña Nieto, envuelto en la controversia por la impugnación de que fue objeto de parte de los radicales de izquierda, tomó las riendas del poder el primero de diciembre del 2012.

No se diga los diputados federales y senadores, que iniciaron sus respectivos periodos constitucionales desde el primero de septiembre del año pasado.

Todos los candidatos que fueron votados en la elección del primero de julio del año pasado, pues, tomaron posesión de sus cargos para los que fueron electos. Todos, sí, menos Aristóteles Sandoval, que debe estar más impaciente que una quinceañera antes de bailar el vals con su chambelán.

Claro que no es para menos, porque no acaba de llegar el día en que rinda protesta y se convierta en el gobernador priísta que sacó a un PAN que se había enquistado en Palacio de Gobierno desde tres sexenios atrás.

Creo que es muy pertinente que el gobernador electo de Jalisco solicite la modificación de la Constitución local para que las futuras tomas de posesión del titular del Ejecutivo se acorte, es decir, que no medien ocho meses entre los comicios y la ceremonia de toma de protesta (que será doble: la formal, en el Congreso local, y la de lucimiento, en el Hospicio Cabañas).

Un plazo de ocho meses --dos tercios de año— entre la elección y la asunción al poder es excesivo para el gobernador y los propios jaliscienses. De hecho, se presta a muchas irregularidades: tantos meses antes de dejar el cargo da oportunidad de tapar todos los hoyos que hayan dejado las corruptelas de los panistas que ya van de salida; en especial, el célebre Etilio González Márquez, que resultó bastante dadivoso… con lo que no es suyo.

Pero no sólo se debe modificar la fecha para asumir el cargo de gobernador en Jalisco. Sucede que también los presidentes municipales tardan demasiado en tomar posesión de sus cargos, aunque no llegan a los ocho meses. De cualquier forma, entre la elección –el primero de julio— y la toma de posesión se lleva nada más que medio año. Ese tiempo permite, incluso, que haya quienes se arrepientan de haber ganado (por lo general, en municipios muy pobres) y hasta aprovechen para irse de indocumentados a Estados Unidos, luego de enterarse que sus antecesores les dejaron las arcas vacías y tremendas deudas.

¿Cuál sería el mejor plazo para la toma de posesión de las nuevas autoridades, una vez ganada la elección? Bueno, eso ya será cosa que tendrán que decidir los diputados locales de Jalisco, pero no debería pasar de más de tres meses, en el caso de los alcaldes, y de cuatro en el de gobernador.

La propuesta ahí está.