Juventud, ¿sabes que la tuya no es la primera generación que anhela una vida plena de belleza y libertad? Albert Einstein
Son muchos quienes arriesgan la vida por una oportunidad laboral y económica, quienes día a día cruzan la frontera para dar una mejor vida a sus familias, son muchos aquellos quienes caminan por el puente de Brooklin manifestando su desacuerdo ante una ley que califica de delincuente al que sólo trabaja, son muchos los que añoran su patria, son muchos aquellos que trabajan fuertemente por su familia en un país que no es el suyo, son muchos los jóvenes que ven una realidad sin solución y tratan de contribuir a mejorarla, pero son mucho más aquellos que por necesidad abandonan a sus hermanos, a sus padres, a la familia y a su patria cada día.
El problema de la migración es tan real como complejo, tan incluyente como excluyente. Abordar un tema de percepción global pero al mismo tiempo con características singulares por región, no es nada fácil. Los procesos migratorios internacionales tienen amplias dimensiones y connotaciones de injerencia sobre la explicación de las causas y consecuencias que producen dichos movimientos poblacionales. Dicho de otra manera, no son las mismas razones del desplazamiento migratorio en la región de Palestina que las causas del movimiento en la frontera de México y los Estados Unidos.
La problemática de nuestra frontera norte adquiere una importancia relevante a partir de los sucesos del 11 de septiembre, cuando se coloca dentro de la agenda bilateral en el apartado migratorio la cuestión de la seguridad y la lucha contra el terrorismo. Dicha problemática no sólo constituye un involucramiento por parte de los gobiernos de Estados Unidos y México, sino de las poblaciones de ambos países.
La súbita preocupación del gobierno de los Estados Unidos por el tema de la migración y las fronteras ha desencadenado una serie de sucesos inevitables como es el despertar del llamado “gigante dormido”. Las leyes propuestas por el poder legislativo de dicho país han provocado la inclusión de la sociedad en el problema, no sólo de los inmigrantes que viven en Estados Unidos sino de la xenofobia que manifiesta parte del pueblo estadounidense.
¿Quién tiene la culpa?
El tema migratorio es complejo, lo cual coloca en la mesa de análisis la posibilidad de un sinnúmero de culpables y que al mismo tiempo no lo sean. Lo anterior suena totalmente ambiguo y lo admito, aún así analicemos lo siguiente. La frontera norte se caracteriza por un dinamismo económico imprescindible en mayor medida para México. Controlar 3152 kilómetros de frontera con sólo 55 puertos de entrada, donde circulan cerca de 89 millones de automóviles y 4.5 millones de camiones, donde pasa el 98% del comercio entre las dos naciones[1], es un reto que se debió tomar con la importancia de nuestros días desde tiempo atrás.
Actualmente en los Estados Unidos viven aproximadamente 11 millones de inmigrantes, de los cuales poco más o menos de 2 y medio millones son mexicanos. Así mismo, la gente que tiene derecho a los servicios prestados por el gobierno, que son los originarios del país, ante tal número de emigrantes siente temor por su seguridad y bienestar personal; por citar un ejemplo, 4.4 millones de ciudadanos estadounidense no tiene acceso a servicio sanitario. Tal preocupación es totalmente válida.
Los Estados Unidos es un país de orígenes poco negables, su formación está basada en un fuerte proceso de migración que ha sido continuo. Su situación como país hegemónico en un sistema internacional anárquico provoca que sus necesidades sean extensivas y que requiera de mano de obra barata.
Ahora bien, en sus límites hacia al sur se encuentra con países que no gozan de una consolidación política y económica que permita ofrecer trabajo a toda la población. Estas personas se ven en la imperiosa necesidad de buscar otras oportunidades, es decir, emigrar a otra nación. Desde luego en la situación de estas personas no se piensa, se actúa; se buscan las posibilidades y se aprovechan las circunstancias. Para muchos inmigrantes, la mejor oportunidad es conseguir un trabajo en el país más poderoso del globo.
Con el involucramiento de la nación estadounidense en nuevas guerras, la expectativa de trabajo se amplía, pero la incursión en estas guerras repercute en las políticas sociales, el gobierno disminuye el gasto social para aumentar el gasto militar. Esto a su vez, en el caso del problema migratorio, crea malas interpretaciones por parte de una sociedad que carece de información, acusando a los inmigrantes de que el presupuesto social no alcance.
Por otro lado, los migrantes se preguntan ¿por qué no reclamar mis derechos sociales? La simplicidad de su respuesta también es comprensible; después de todo, lo que reciben no es una caridad, es el resultado de su esfuerzo de trabajo. En el caso de los que llevan años ofreciendo su fuerza laboral al país de las barras y las estrellas, es admisible que exijan ya ciertos derechos, principalmente para sus descendientes.
El problema no termina aquí, ¿qué sucede con los beneficiarios de la situación de los migrantes? Aquí tenemos principalmente dos vertientes, los que aceptan trabajadores ilegales solo por salir adelante en su negocio y los se aprovechan de la situación, violando derechos sociales, políticos y económicos de estas personas. En las recientes manifestaciones, los connacionales y demás migrantes pudieron diferenciar quién tiene un poco de sentido de ayuda y humanidad por su situación de aquellos a quienes les interesan única y exclusivamente los beneficios económicos.
A partir del ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001, el gobierno norteamericano empezó a preocuparse enérgicamente por sus fronteras e incómodamente para los que llegaban de manera legal al país. En el Senado, el resultado se puede calificar de xenofóbico; así como no todos los árabes son musulmanes, no todos los migrantes son terroristas. Son razonables todas las manifestaciones realizadas en los recientes meses por parte de los migrantes. También es comprensible el temor que siente una sociedad al ver al “gigante dormido” en sus calles.
¿Culpas? ¿El joven que arriesga la vida al cruzar la frontera? ¿O aquel patrón que necesita trabajadores y acepta migrantes? ¿Aquel que se aprovecha de la situación violando derechos? ¿El terrorismo o la guerra? ¿La disminución de gasto social? ¿La falta de consolidación de los países latinoamericanos? ¿El gobierno de los Estados Unidos? ¿El mexicano? Para culpar hay muchos, para solucionar pocos.
Responsabilidad Compartida
La unión del trabajo y negociación bilateral de México y los Estados Unidos constituye un lazo con el bien común internacional, ya que el bien común busca el bienestar de “las colectividades humanas integradas en Estados y comprende la paz y la el orden interestatal y la coordinación de las diferentes políticas nacionales.”[2] Ningún país se encuentra en posición unilateral de resolver problemas o amenazas, la seguridad lograda en las fronteras debe ser “resultado de la cooperación y la acción colectiva”[3].
Durante el sexenio de Fox, la agenda con el gobierno de Estados Unidos trató de mostrar una faceta integral donde las principales preocupaciones de cada nación estuvieran involucradas; la posición de México se caracterizó por el principio de responsabilidad compartida.[4] Aún de esa manera, la crítica que los jóvenes realizan una y otra es ¿qué protegemos, la seguridad de Estados Unidos o la de México?
La crítica se basa en la larga frontera que compartimos con los Estados Unidos, las limitaciones que produce compartir un largo trecho fronterizo. México, enfrenta el dilema de llevar o no una política exterior autónoma, firme y clara. Pero muchos de los jóvenes sienten que nuestra política exterior ante Estados Unidos es agachada y humillante. Consciente estoy que no somos un país de autosuficiencia, y dependemos en muchas dimensiones de lo que suceda en el norte.
La cuestión migratoria no implica solamente tratar temas políticos o de movimientos poblacionales, sino de economía. Por un lado, un tema que no tocaré por reiterativo, es la necesidad de fuerza laboral exterior en Estados Unidos. Los habitantes de Estados Unidos deben ser cuidadosos en lo que están planteando en sus iniciativas; no sólo es cuestión de asegurar sus fronteras, es también de mantener la estabilidad económica.
Por otro lado, México comparte con los Estados Unidos un vínculo económico reflejado y remarcado por el TLCAN. El tratado de libre comercio debería constituir la puerta para entablar una negociación en la problemática migratoria, para resguardar el principio de responsabilidad compartida. Lamentablemente no sucede así, tuvieron que pasar los sucesos del 11 de septiembre para que Estados Unidos girara su mirada al tema. La responsabilidad compartida surge después, básicamente por el hecho y reconocimiento de que nuestro país no estaba ni está preparado para llevar un nivel de juego como el de Estados Unidos y Canadá.
En el caso del TLCAN, será muy difícil llegar a una integración de ese nivel, borrar las fronteras es “una medida entendible y deseable desde el punto de vista financiero y comercial, pero no queda claro cómo podría contribuir a fortalecer la seguridad de los países involucrados.”[5] Y actualmente las pláticas sobre el tema de migración se centran en la controversia del terrorismo y la seguridad del país más poderoso. Sin embargo, nuestro país debe dar la cara por nuestros connacionales ante cualquier medida que los quiera catalogar de delincuentes.
La juventud y la migración
Día a día escuchamos en los medios de comunicación lo que afrontan las personas que toman la decisión de cruzar la frontera. Los jóvenes hoy en día son parte del problema. El número de compatriotas que abandonan su región por nuevas oportunidades es escandaloso. Bien lo señala un informe de la CEPAL sobre “Migración internacional de jóvenes latinoamericanos y caribeños: protagonismos y vulnerabilidad” que dice:
Si se descarta la intervención de factores estrictamente forzados, que tienden a masificar los movimientos migratorios y a incluir a personas de todas las edades, con frecuencia se reconoce que, más allá de su representación cuantitativa, los jóvenes (incluyendo los que se inician en la vida adulta) participan activamente en el fenómeno migratorio interno e internacional[6]
Los jóvenes son los que abandonan sus estudios, los que abandonan sus sueños porque muchas veces a una corta edad, la responsabilidad de sus familias cae en sus hombros. Los jóvenes sólo buscamos mejores condiciones de vida, aspiramos a un mundo con mejores oportunidades. Los que podemos comprender un poco más allá sabemos que nuestro futuro depende de cambios en el entorno social.
El fenómeno migratorio es consecuencia de los problemas estructurales que enfrenta el país. Mientras México vive la transición democrática, los jóvenes debemos aprovechar espacios, foros o cualquier otra actividad que nos permita manifestar nuestras preocupaciones.
En el exterior sólo nos queda manifestar nuestra preocupación por los derechos humanos, los derechos civiles y políticos de cada ciudadano del mundo. Medidas intolerables o que denigran a un ser humano no deben ser aceptadas, se debe comprender que “toda frontera es perforable y si se intenta, a través de controles migratorios, contrarrestar la terrorismo francamente se trata de una causa perdida.”[7]
El tema de la migración internacional es amplio, el tema de lo que sucede en nuestra frontera norte es complicado, un muro o un status de delincuente a un migrante no resuelve el problema, lo atenúa. Fomenta la discriminación, la falta de tolerancia, la xenofobia, la falta por el respeto de los derechos de cada individuo. La migración debe cambiar su perspectiva de ser problema, no es fuente de conflictos ni abusos ni ilegalidad; la migración es fuente de recursos y de beneficios mutuos. [8]
Conclusión:
Los jóvenes enfrentan un reto enorme ante el problema de la migración. Máxime si nuestro país se caracteriza por la falta foros de expresión, el problema puede no ser este, quizás la falta de información. Pero hay un problema que en mi opinión es el principal, la falta de formación de interés en los problemas del país.
Un joven puede recurrir a un instituto u organismo, y ofrecer sus servicios, multiplicar su experiencia laboral. Siempre y cuando haya contado con la oportunidad de continuar su formación académica. Pero la falta de calidad en la educación es la responsable de la falta de cultura política. Nuestra juventud no conoce el concepto de cultura política, lo cual es alarmante.
No sólo es interesarse por el tema de la migración, es ir más allá. En un foro internacional, los jóvenes enfrentan la realidad de una manera madura, abren sus ojos a las exigencias del contexto internacional, dándose cuenta que el problema de la negociación internacional abarca más que los buenos deseos, y que los intereses influyen de una manera total en los resultados.
Aún de esta manera, la opinión que pueda manifestar un joven abre paso a un sueño que posiblemente no se quede en sueño. Ese joven que lucha por algo, aunque que en sus inicios pueda caer en la sombra del idealismo, tarde o temprano sabrá cómo afrontar las problemáticas que lo rodean. Un autor llamado Georges Bernanos dice “cuando la juventud pierde entusiasmo, el mundo entero se estremece.” El gobierno y la sociedad adulta deben promover foros de expresión para los jóvenes, ya que nosotros a través de nuestra misma juventud, podemos aportar inimaginables ideas. Los migrantes no son el gigante dormido, son los miles de jóvenes mexicanos esperando la oportunidad de un México mejor.
Tania Navarro
(taniak.navarrom@gmail.com)
Ensayo seleccionado para la entrevista en el concurso de “Participación de Delegados Juveniles en el 61º Período de Sesiones de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)” de mayo de 2006.
BIBLIOGRAFÍA:
Basave, Agustín. Teoría del Estado, Fundamentos de Filosofía Política. Editorial Jus. Quinta Edición. Monterrey:1979. pag. 189
Creel Miranda, Santiago. “La Migración y la seguridad entre México y Estados Unidos.” En Foreign Affairs, abril-junio:2004, vol. 4, núm. 2. México, DF. Pág. 3
Embajada de México en los Estados Unidos. “México frente al fenómeno migratorio” SER. Comunicado 2005. Disponible en: http://www.embassyofmexico.org/index.php?option=com_content&task=view&id=240&Itemid=2
Martínez Pizarro, Jorge. “Migración internacional de jóvenes latinoamericanos y caribeños: protagonismo y vulnerabilidad”. CELADA- CEPAL. 2000. Disponible en: http://www.eclac.cl/cgibin/getProd.asp?xml=/publicaciones/xml/6/4916/P4916.xml&xsl=/celade/tpl/p9f.xsl&base=/tpl/top-bottom.xslt
Ridge, Tom. “Dos patrias, una misión.” En Rosas, María Cristina. Terrorismo, democracia y seguridad.Cuando el destino nos alzance... Editorial Quimera. Primera Edición. México:2002. pag. 114.
Rosas, María Cristina. Terrorismo, democracia y seguridad.Cuando el destino nos alzance... Editorial Quimera. Primera Edición. México:2002. pag. 129.
[1] Creel Miranda, Santiago. “La Migración y la seguridad entre México y Estados Unidos.” En Foreign Affairs, abril-junio:2004, vol. 4, núm. 2. México, DF. Pág. 3
[2] Basave, Agustín. Teoría del Estado, Fundamentos de Filosofía Política. Editorial Jus. Quinta Edición. Monterrey:1979. pag. 189
[3] Ridge, Tom. “Dos patrias, una misión.” En Rosas, María Cristina. Terrorismo, democracia y seguridad.Cuando el destino nos alzance... Editorial Quimera. Primera Edición. México:2002. pag. 114.
[4] Embajada de México en los Estados Unidos. “México frente al fenómeno migratorio” SER. Comunicado 2005. Disponible en: http://www.embassyofmexico.org/index.php?option=com_content&task=view&id=240&Itemid=2
[5] Rosas, María Cristina. Terrorismo, democracia y seguridad.Cuando el destino nos alzance... Editorial Quimera. Primera Edición. México:2002. pag. 129.
[6] Martínez Pizarro, Jorge. “Migración internacional de jóvenes latinoamericanos y caribeños: protagonismo y vulnerabilidad”. CELADA- CEPAL. 2000. Disponible en:
[7] Rosas, María Cristina. Terrorismo, democracia y seguridad.Cuando el destino nos alzance... Editorial Quimera. Primera Edición. México:2002. pag. 129.
[8] Creel Miranda, Santiago. “La Migración y la seguridad entre México y Estados Unidos.” En Foreign Affairs, abril-junio:2004, vol. 4, núm. 2. México, DF. Pág. 3