martes 16 de septiembre de 2014 | 06:30

El virus de la sospecha

Rubén Salazar @Ruben_Salazar mar 5 de febrero de 2013

De acuerdo a lo informado por el Gobierno Federal, la explosión en la torre de PEMEX fue producida por gas y no por un atentado terrorista. Aun cuando la investigación continúa, es un hecho que el dicho del Gobierno no cambiará en lo sustancial.

Sin embargo y a pesar de que la explicación para sustentar lo anterior pudiera ser detallada y con bases científicas, esta no logrará convencer a una buena parte de la opinión pública. Y es que en México, el desconfiar de todo es una práctica común en todo momento y bajo cualquier circunstancia. 

En nuestro país, la sospecha es una especie de virus sumamente potente que se ha esparcido a lo largo de los sexenios y que se ha incrustado en el consiente e inconsciente colectivo. Claro que es importante reconocer que esa toxina llamada “sospecha”, fue creada por quien ahora se ve afectada por la misma, el gobierno.

La manipulación de medios de comunicación y el ocultamiento de información, fue durante muchos años parte de un régimen oscuro. La población se enteraba prácticamente de lo que el presidente en turno deseaba que se supiera y cuando por alguna extraña razón se filtraba algún dato incomodo, el aparato de estado se encargaba de denostar, censurar o hasta comprar a quien lo hubiera difundido con tal de hacerle parecer un mentiroso. 

Pero más allá de los antecedentes históricos, que por cierto, se pueden remontar hasta la época prehispánica, es claro que no hay confianza en lo que la autoridad diga o haga. La sospecha es palpable en el vagón del metro, en la fila del centro comercial, en los centros de trabajo, en algunos medios de comunicación impresos y en las redes sociales. En estos sitios se pueden escuchar y leer todo tipo de especulaciones sobre el desastre donde perdieron la vida más de 30 trabajadores de PEMEX. Desde que fue un auto-atentado del gobierno para distraer la atención y justificar a privatización de la paraestatal, hasta la participación de grupos del narcotráfico que se encuentran “enojados” por un supuesto pacto incumplido.

Además, de pronto salen “expertos” por todas partes, supuestos ingenieros, arquitectos, detectives, etc. quienes aseguran sus dichos aun cuando no los sustentan. También tenemos a los teóricos de la conspiración, que sin empacho alguno son capaces de involucrar hasta a los mismísimos extraterrestres con tal de demostrar que el gobierno oculta la realidad.

Es así como la verdad está a expensas de una rara satisfacción unipersonal que va más allá de lo sustentable que pueda resultar una investigación seria. 

No cabe duda que el recién llegado gobierno del presidente Peña Nieto se encuentra ante su primera epidemia del virus de la sospecha, que para redondear, fue incubado por sus antepasados políticos. Ya veremos si consiguen encontrar la vacuna que paralice la expansión de tan autóctono mal.