miércoles 16 de abril de 2014 | 08:26

Empleo y educación en la Ciudad de México, un reto para @ManceraMiguelMx

Polimnia Romana @polimniaromana lun 4 de febrero de 2013

La ciudad más grande y progresista del país también es la que alberga la mayor variedad de problemáticas económicas, sociales, de seguridad y políticas.  Tal vez el orgullo que hemos sentido los últimos años por convertirnos en una de las ciudades más "seguras" del país nos impide hablar de lo que viven todos los días los capitalinos. También porque nos duele.

El Distrito Federal parece que va mejorando en algunos aspectos, o por lo menos en algunas avenidas. Los últimos jefes de gobierno han hecho un gran esfuerzo por cubrir las necesidades de los habitantes de la capital. Aprobaron sólo de panzazo. Y es que no es cosa sencilla organizar chilangos, ni fortalecer una economía que va a pique y mucho menos proyectar a futuro (un futuro más allá de unas elecciones).

Los que recorremos las calles diariamente y nos damos el tiempo suficiente para escuchar a la gente, conocemos los problemas que mantienen en vela a los habitantes de las 16 delegaciones.

Los más sencillos: alumbrado público, cobros excesivos de agua, luz y predial, transporte en mal estado, predios irregulares o intestados y en eterno pleito, etc.

Otros más complicados: robo de vehículos o a casa habitación, asaltos en vía pública, preparatorias insuficientes, adultos mayores que sufren abandono, apertura de "micheladas" sin control, desarrollos inmobiliarios que afectan vialidades y construcciones vecinas, etc. 

Es estos últimos casos ya se puede percibir la sombra de la corrupción en todos los niveles de gobierno.

Hasta aquí la cosa no es muy diferente a otras ciudades de México. Sin embargo las condiciones propias de esta capital la hacen padecer también las consecuencias de los  enormes vacíos de poder, falta de voluntad y un hacinamiento mortal.

Quienes más sufren esta terrible situación son los niños y jóvenes. Ahí la cosa se pone fea: abandono total de escuelas primarias que van desde plagas de roedores hasta baños inservibles o bebederos contaminados, preadolescentes embarazadas o adictos, pandillas cada vez más sanguinarias e impunes, descomposición social en colonias enteras, pérdida de identidad, venta y consumo de drogas y alcohol en cualquier esquina y a plena luz del día... En fin, la lista es interminable y se va agravando. 

El actual Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, tiene por delante un reto enorme, una responsabilidad que tal vez ni se imagina. La Cuidad de México necesita una transformación radical, una verdadera evolución. Es verdad que los programas sociales que iniciaron en el 2000 han sido de gran ayuda, pero no dejan de ser una forma de mitigar el hambre. A esta ciudad le urge una vacuna contra la pobreza, el desempleo y el estancamiento económico.

Los grandes números no sirven de nada ante la falta de empleo pleno, mano de obra capacitada y ciudadanos sanos. Los programas deben ser sustituidos por políticas integrales. Los beneficiarios deben ser incluidos en la cadena de producción, convertirse en individuos capaces de avanzar y generar ingresos dignos.

El estado es el responsable de proveer a los ciudadanos de salud, educación de calidad y garantizar la igualdad de oportunidades, desde el momento en que nacen y hasta que mueren. Esto no sucede aquí. Otra gran tarea que tiene nuestro Jefe de Gobierno.