miércoles 16 de abril de 2014 | 02:17

La dignidad del magisterio mexicano

Anel Guadalupe Montero Díaz @Anelin00 lun 24 de diciembre de 2012

Es difícil encontrar hoy en día en México, una profesión tan desvalorizada como la de profesor. Desde diferentes frentes, múltiples voces señalan al docente como responsable único de la debacle educativa[i].

En ese tenor, México se polariza. Los malos “con Elba”, los buenos “con Chuayfett”, Loret y ONG´s que buscan “lo mejor para el país” y los peores, los de la CNTE, sin descontar a los múltiples analistas que hacen lecturas desde la dimensión política, soslayando de facto la dimensión educativa en lo que defienden con denodado esfuerzo : eso que llaman “Reforma Educativa”.

En cualquier caso, el común denominador es que todos apelan a un tipo de profesor que se asume a sí mismo como un obrero (trabajo digno, pero diferente) dispuesto a salir a las calles, a hacer mítines, plantones y manifestaciones,  antes que un profesional de la educación que se ve a sí mismo como un intelectual por los cuatro costados.

Y por si esto fuera poco, algunos analistas pretenden colgarnos la etiqueta de “gordillistas”, “pejistas”, “de la Coordinadora” , por el solo hecho de cuestionar aquello que se nos presenta como la panacea en materia educativa. Todos parecen saber qué se necesita para mejorar la educación en México, sin embargo ¿quién de ellos ha estado frente a un grupo? ¿quién de ellos ha tenido que entregar más de doscientos documentos administrativos cada año escolar? ¿quién de ellos carga sobre sus hombros la responsabilidad de construir aulas, lidiar con presidentes municipales corruptos o textoservidores dispuestos a desactivar a cualquier profesor que ose retar al statu quo?

Exacto, ninguno de ellos.

Los docentes que se asumen a sí mismos como profesionales de la educación son difíciles de manipular y representan un obstáculo a los intereses de Tirios y Troyanos, porque reconocen que la gran mayoría de los “profundamente interesados” en la educación en México, carecen no solamente de autoridad moral, académica y profesional, sino que encubren una serie de intereses que nada tienen que ver con la formación de los ciudadanos del siglo XXI que este país requiere.

¿Privatización de la educación? Algunos mensajes

Mexicanos Primero, por ejemplo, a través del infomercial “de panzazo”, hace énfasis únicamente en las malas prácticas docentes, con la conveniente generalización que el mensaje implícito envía a las masas: “así son todos los maestros en México”, soslayando en la ecuación a los virreyes de los Estados, al entonces Presidente de México, a lo que Latapí Sarré[ii] denominó co-gobierno SEP-SNTE y, por supuesto, a la parte de responsabilidad que corresponde a los medios de comunicación[iii]

Los maestros luchamos contra los estereotipos que la televisión enaltece. Los modismos de los programas, los “chistes” discriminatorios de las estrellas de televisión, la apología de la violencia y el sexo para demostrar que “se es alguien” en la vida. 

Lo que los profesores construimos en cuatro horas y media de clases, la televisión lo destruye, manipula, estereotipa y discrimina las restantes 6 horas promedio en las que el estudiante permanece frente al televisor.

El tema no es aislado. Si consideramos que el nombramiento de Emilio Chuayfett[iv] al frente de la SEP envía un mensaje al SNTE, también lo es el de Alba Martínez Olivé en la Subsecretaría de Educación Básica, a quien analistas consideran como la principal asesora técnica de Claudio X González y de Mexicanos Primero[v] y el de Yoloxóchitl Bustamante, para quien un sector del IPN afirma que representa una imposición que encarna un proyecto diferente[vi].

En ese orden de ideas, es claro el rumbo que siguen los destinos en materia educativa en México y distan mucho del discurso oficial, porque Enrique Peña Nieto, haciendo gala de un presidencialismo que se creía ya superado pretende que por decreto, con pactos sin representatividad y con reformas mochas,  se superen todos los males en materia educativa en México[vii].

Por supuesto, este fenómeno no es nuevo y Enrique Peña Nieto no es el primero en utilizar esta estrategia política. Por decreto, presidentes han pretendido erradicar el analfabetismo, la desnutrición, la pobreza, lo que representa un mal augurio porque no necesariamente va acompañado de políticas públicas que sustenten lo que históricamente ha quedado convertido en “buenos deseos”.

Por lo pronto, dos bemoles saltan a la vista

1.-  La evaluación es el caballito de batalla, el corazón de la Reforma, pero no hay rumbo, no hay misión, no hay un para qué evaluar a los profesores   ¿De qué Reforma Educativa habla el Estado, si no hay un rumbo definido que indique para qué evaluar y qué sigue después de la evaluación?

Es una falta de respeto a la inteligencia de los profesionales de la educación, a los padres de familia y a los mexicanos en general, la presentación de este bodrio como la panacea que pondrá ahora sí (¿dónde lo hemos escuchado antes?) a México en los rieles de la formación de ciudadanos críticos, analíticos y reflexivos.

No les sobra humildad ni les falta pudor al anunciar la Reforma Educativa como el hecho que en sí mismo, liberará a México de la Gorgona y empujará a los profes[viii] al siglo XXI. De ese tamaño es la desinformación y la manipulación mediática en contra del gremio docente. Más allá de la figura de la lideresa magisterial. Seamos claros.

En ese tenor, la Evaluación es la parte del discurso que busca legitimar la lucha del poder por el poder entre quienes ven en la Educación un coto de dominio y recursos más que la herramienta indispensable para combatir la ignorancia y el atraso en todos los órdenes del Estado.

Algunos incluso piensan que el llamado de Elba Esther Gordillo a los profesores para que realicen plantones pacíficos puede volverse contra ella, evidenciando sin pudor que ésta representa para el partido en el poder algo fundamental, más allá de la paz social: capacidad de negociación.

En ese orden de ideas, es cierto que existe la posibilidad de que Elba sea removida del SNTE, pero también existe la otra opción, que es el advenimiento de un líder como hace 23 años sucedió con Carlos Jonguitud Barrios, mucho peor que el actual…o más caro.

Nadie mejor que un priista para confrontar a otro. Si bien es cierto que la señora Gordillo es, de facto, la dueña del PANAL, el brazo político del SNTE, también lo es que no puede negar la huella de su alma máter: el PRI. En ese sentido, la tarea de Chuayfett es política, no educativa.

Sin embargo, a diferencia de lo que opinan algunos analistas, no solamente no se percibe eso que llaman “entramado fino” en materia política, sino todo lo contrario. La confrontación vulgar y la negociación por debajo de la mesa (le cedieron a la lideresa el Fovissste, el SNTE mismo y la secretaría del trabajo permitió la legalización ad perpetuam de Elba Esther Gordillo como lideresa del gremio) anteponiendo los intereses de unos cuantos y del partido en el poder a los de los miles de educandos de este país. Otra vez. [ix]

2.-  Cada seis años, se promueve una movilización de puestos burocráticos en los mandos medios y directivos en razón de las prioridades, intereses y necesidades de los nuevos poderosos del país. En ese sentido, la administración pública es considerada una suerte de botín de guerra y para muestra un botón.

No es un secreto que en México, el padrinazgo sustituye a la preparación profesional y la meritocracia nada tiene que ver con la construcción de mejores alternativas o modos de hacer o pensar la realidad, sino en la lealtad al líder y la omertá en todos los órdenes de gobierno.

¿Cómo creer en un “servicio profesional de carrera” cuando el mismo PRI, que en el discurso promueve la ley del servicio profesional, pretende excluir de ésta a los directores generales y puestos clave de la jerarquía dentro de la burocracia institucional?

En la docencia, los puestos clave son para los operadores políticos del SNTE, a quienes deben parte de la victoria los gobernadores de Veracruz, el Estado de México, Nayarit, Chiapas y Coahuila, por mencionar algunos. Soslayar este hecho es voltear la mirada ante las condiciones que garantizaron el triunfo del hoy presidente Enrique Peña Nieto.

Dice el Presidente de México, presunto autor del libro “México. La gran esperanza. Un Estado eficaz para una democracia de resultados” que hay que separar los temas relacionados con la enseñanza, de los temas relacionados con las condiciones laborales de los profesores, pero su triunfo se lo debe a condiciones que no tienen nada que ver con este discurso. 

De hecho, la Reforma educativa contradice el libro que presuntamente escribió de puño y letra. El espíritu de reconocimiento a la labor magisterial que permea el discurso en materia educativa de esta propuesta de gobierno consolidada a través de su libro, contradice la estrategia actual, que señala a los profesores como únicos sujetos a evaluación y responsables directos de la debacle educativa.

Subyace la premisa de que como no han sido capaces de remover ellos mismos a su lideresa, entonces son parte del problema, no así de la solución. Estas falacias han sido vendidas a la opinión pública desprestigiando la labor docente y lastimando a los profesores, miles, la mayoría, verdaderamente comprometidos con su trabajo.

Soslayan convenientemente que remover a la lideresa magisterial sin sus alfiles, operadores políticos, líderes charros de las seccionales estatales, no solamente no contribuye a mejorar la calidad de la educación, sino que empeora potencialmente la incertidumbre en la que los profesores mexicanos laboran hoy en día. Esa es la nueva cara del viejo PRI.

Hasta ahora, el tema de la acotación del poder sindical ha evidenciado un cobro de cuentas, más allá del discurso que se empeñen en mostrar a la educación pública.

No hay tal Reforma, estimado lector. Ocurrencias, ideas inconexas, propósitos remasterizados del sexenio anterior y nada más.

Un mensaje a ti, querido colega

Somos Maestros, antes de cualquier otra consideración y el derecho a ser llamados así, se desprende del compromiso diario frente a grupo, cumpliendo en tiempo y forma con todas y cada una de las exigencias del poderoso de turno, llámese presidente de la república o gobernador del estado.

Desde hace tiempo, los profesores mexicanos comprendimos que no hay gobierno, administración estatal, sindicato, ONG´s y mucho menos entes privilegiados tocados por la divinidad que sean capaces de hacer lo que los profesores mexicanos realizamos desde nuestros salones de clase.

Este sistema educativo es brutal para todos los actores implicados, incluyendo el profesor. Es viejo el adagio “El maestro que hace lo que puede, hace más de lo que debe”, porque desde comunidades sin agua potable o drenaje, exigiendo de los virreyes de los Estados o de los charritos corruptos convertidos en “presidentes municipales” aquello que es su obligación proporcionar: aulas y recursos para educar dignamente a los ciudadanos que no venderán el voto por una despensa o un vale de comida.

Sano escepticismo

Hasta ahora, para la inmensa mayoría de analistas, expertos y opinadores profesionales, no existe la posibilidad de que un docente crítico, analítico y reflexivo articule su propio entendimiento y concluya que en el espectro de posibilidades educativas denominado “Reforma” hay en juego muchas cosas, pero la educación de los niños de este país no es una de ellas.

Esta es una lucha de poder por el poder, donde la Gordillo defiende en el discurso su statu quo y el de la elite que tiene secuestrada a la educación en México, pero el discurso oficial no es mejor, ni brinda certeza, rumbo y respeto a la labor docente.

Escepticismo, cautela y una buena dosis de realidad, obliga a reconsiderar el “servicio profesional” y “los exámenes de oposición”, como garantía de calidad en la enseñanza.

¿Usted qué opina, estimado lector?