lunes 15 de septiembre de 2014 | 11:54

Un sutil “quinazo” al SNTE de Elba Esther Gordillo

Bibiano Moreno Montes de Oca @BibianoMoreno mar 4 de diciembre de 2012

El gabinete del presidente Enrique Peña Nieto cumple con las expectativas que de él se esperaban, pues en el mismo se conjuga experiencia y capacidad. No es lo mejor que nos pudiera suceder a los mexicanos, pero este equipo ya es  ganancia si recordamos al mediocre que hubo durante la era del foxato y la grisura  de los yuppies que abundaron en el del calderonato.

Los hombres –y las mujeres— del presidente Peña Nieto (como en la película de Alan J. Pakula, aunque en un contexto diferente) parece que están a la altura del reto para la nueva encomienda que se les ha conferido; sin embargo, si llegaran a fallar, tan sencillo como reemplazarlos  por otros que sí den el ancho.

Podría pasarme horas escribiendo sobre los nuevos funcionarios, pero me limitaré a cuatro de ellos por la relevancia que revisten sus respectivas carteras, a saber: Miguel Osorio Chong, Secretario de Gobernación; Luis Videgaray Caso, Secretario de Hacienda; Rosario Robles Berlanga, Secretaria de Desarrollo Social, y Emilio Chuayffet Chemor, Secretario de Educación Pública.

A Osorio Chong le echó el mal de ojo Andrés Manuel López Obrador, pues es del primero que ya ha solicitado su renuncia el tabasqueño, junto con la de su subordinado  Manuel Mondragón y Kalb, subsecretario de Planeación, por los disturbios ocurridos el día de la toma de protesta de Peña Nieto.

Puede ser de mal fario que, apenas iniciar con la encomienda, ya un opositor al régimen esté pidiendo sus cabezas. No obstante, habría que señalar que El Peje está en su papel, por lo que a los dos funcionarios no les queda otra que aguantar vara; en especial, al titular de la  Segob, que no ha podido cambiar ese rostro de angustia que se carga desde hace varios días.

Si va a ser el titular de una súper Secretaría (previa reforma), Osorio Chong debe sacudirse la modorra y mostrar un rostro que proyecte seguridad, confianza, aplomo y firmeza. En todo caso, la verdadera preocupación le deberá entrar cuando sea Peña Nieto el que le pida la renuncia.

El mandamás de la SHCP siempre sonó para ese cargo, de manera que nadie se puede llamar engañado. El tema de las finanzas siempre ha sido su fuerte. Dicen los que lo conocen que es un tipo muy capaz, aunque eso no siempre es suficiente. Por lo pronto, el poderoso funcionario ha demostrado sensibilidad al anunciar que no habrá aumento de impuestos en 2013.

El nombramiento de Rosario Robles fue un cachetadón con guante blanco a la izquierda radical chilanga que no se cansó de hacer escarnio por los errores (muy humanos) cometidos por ella como jefa de Gobierno del Distrito Federal, lo que a la postre le costó su renuncia a la dirigencia nacional del PRD y a su militancia de años en ese partido.

La designación de Chuayffet Chemor, empero, me parece que es la que más debe llamar la atención por el contexto en el que se da: con una muy sobrada Elba Esther Gordillo, dueña del SNTE, que ha tratado como a sus gatos a todos los titulares de la SEP durante el periodo en el que su poder fue ilimitado, es decir, en los de La docena trágica blanquiazul.

No fue ninguna casualidad que a Chuayffet Chemor lo hayan nombrado en esa  importante área: existe el antecedente del abierto enfrentamiento que se dio entre los dos personajes en tiempos de Vicente Fox, cuando la mujer, en calidad de coordinadora de la bancada del PRI en la Cámara Baja del Congreso de la Unión, planeaba aprobar aumento al IVA sin consentimiento de sus compañeros, entre los que se encontraba el hoy titular de la SEP.

Con motivo de esa maniobra de la Gordillo, la cúpula tricolor de ese tiempo echó de la bancada del PRI a la propietaria del SNTE, donde tuvo mucho que ver el ex gobernador del Estado de México. La salida del partido vendría por añadidura. El rencor, siempre a flor de piel, afloró en la poderosa mujer que está acostumbrada a que todo mundo le rinda pleitesías.

Por cierto, es famosa la frase que se atribuye a la maestra Elba Esther, dirigida al ex Secretario de Gobernación, en referencia a aquel episodio en el que ella fue echada de su bancada:

--¿Licenciado, qué epitafio quiere que escriba en su tumba?

La respuesta que haya dado en ese momento Chuayffet Chemor, si es que se dio,  pasó a segundo plano. Nadie la recuerda. Pero no dudo que pudo haber cruzado por su cabeza una respuesta como la que aquí aventuro:

--Mira, Elba Esther, escribe el que se te dé tu chingada gana.

Pero esa es historia vieja. Hace unos cuantos días, cuando las especulaciones sobre el futuro gabinete estaban a la orden del día, en El Universal se lanzó la versión –que resultó verídica— de que a la SEP iría el mexiquense. De inmediato, saltaron los voz ceros que tiene a su servicio la dueña del SNTE, para descalificar esa posible designación.

Entre otras cosas, se argumentó que el posible nombramiento de Chuayffet Chemor no pasaba de ser un simple rumor para ver qué efecto causaba entre la opinión pública. Hubo quienes fueron más allá: descartaban por completo una designación así, pues aseguraban que al de origen libanés lo acababan de operar de un ojo y que ya hasta había dicho que se retiraba de la política.

Y, claro, hasta personeros del SNTE se apresuraron a señalar que se debía nombrar a un conocedor de la educación en la SEP. O sea: casi dijeron que para designar al nuevo Secretario de Educación Pública no había otra que pedirle permiso a Elba Esther Gordillo. La maestra quería ver a Peña Nieto de rodillas, pero no vio cumplido su deseo.

Colocar al ex gobernador de Edomex en la SEP es el equivalente a un sutil quinazo en contra de la propietaria del sindicato magisterial. Pero eso sólo parece. Habrá que estar atentos para ver si en el gobierno federal se pasa de los dichos a los hechos, pues Elba Esther Gordillo es un lastre para la educación.