martes 02 de septiembre de 2014 | 06:36

LA DEUDA (Divertimento novelado) Décima sexta entrega

Benjamín Valdivia lun 3 de diciembre de 2012

CAPÍTULO 6. EL PLAN DAS PORTAS

 

[Continuación]

 

 

“Plan de M. Valerio das Portas.

 

D. Beneficios

 

Sobre todo, sabiendo que varias potencias mundiales ya quisieran ser fronterizas del vecino del norte, la subasta tendría bastantes postores. Al iniciar la puesta con un total de la deuda externa del país, a la primera pujada ya se habría salvado toda la tal deuda, lo cual es de no poco beneficio. Pero como los intereses mundiales no dejarían el trato en una sola mano, pujarían por obtener la concesión territorial y el país no sólo dejaría de deber sino que hasta tendría para prestar.

Luego, el problema de la sal y la aridez del suelo ya no sería nuestro problema sino el de los nuevos inquilinos. También, ya no seríamos vecinos directos de un pez gordo, sino que ahora, a pesar de seguir siendo vecinos de una gran potencia, lo seríamos a distancia y sólo de refilón.

Pero además, se pueden ofrecer servicios vecinales en esas zonas, recién trascendidas al primer mundo por arte de la subasta. Y los trabajadores ya no emigrarían hasta el otro lado sino solamente hasta el nuevo vecino, pudiendo volver a dormir a su patria, con lo cual se consolidaría el amor al terruño.

Ahora bien, puede suceder que el vecino actual no quiera (lo cual es muy probable) cambiar a sus “queridos vecinos” del sur y entonces sea el más pujante en la subasta y, acostumbrado como está a obtener terrenos para el sur provenientes de su surtidor histórico de geografías, seguiría siendo vecino con lo cual no se habrá perdido nada, al fin que ya es vecino; y en cambio se habrán ganado divisas, porque para seguir siendo vecino tendrá que pagar el privilegio. Con ello queda definido el plan.”

Siguió nuevamente un ruido estático y el científico apagó el aparato y todo quedó sumergido en la callada tranquilidad de las afueras del pueblo, interrumpida apenas por el agudo chillido de los petirrojos husmeando en la paja por insectos.

—¿Qué le parece el plan? Un genio, ¿no?

—Bueno —contesté—pero ¿no se ha pensado que, como es la moda, el vecino nos pueda invadir militarmente acusando de que se está perdiendo la democracia y él es el policía del mundo?

—No tengas dudas, amigo: Valerio pensó en todo. Si se da el caso de que esta cornucopia sea aplastada por las pezuñas del bisonte, y hablo simbólicamente en eso, entonces, por fuerza de la lógica y por la coherencia del mundo objetivo, el vecino se extenderá ya declaradamente hasta el siguiente país. Pues bien, lo único que hay que hacer es trasladar el plan das Portas hasta el nuevo vecino y empezar de nuevo hasta desangrar con tantos gastos la milicia del poderoso. Un genio, ¿no?

Comprendo ahora por qué X dijo que no era tan loco el carioca. Y la vehemencia con que el científico exponía ese plan era tanta que sentía yo el corazón embebido en no se qué paraísos de los mundos posibles (porque cada mundo posible tiene su paraíso posible). No porque el plan se realizara, que al fin ni se conocía públicamente, sino porque algún día tal vez en la imaginación recóndita de algún oscuro ciudadano de esta cañada o, como le sucede siempre a este pueblo, por vías y oficios de un extranjero, llegue a respirar un instante histórico de libertad.

—¿Que le parece el plan? —insistió el sabio.

—Bonita casa, respondí luego de un momento de silencio.