jueves 17 de abril de 2014 | 01:51

¿Normalidad democrática?

Anel Guadalupe Montero Díaz @Anelin00 vie 23 de noviembre de 2012

Hoy, en Milenio Diario, el señor Joaquín López Dóriga escribe en su columna En Privado, un artículo donde habla acerca de la normalidad democrática.

En Protestas y te vas[i], el periodista afirma:

"Hoy, tras la traumática toma de protesta a Felipe Calderón hace seis años, se convierte en un logro político y nota principal.  Y es que a eso hemos llegado en México, a que la normalidad democrática sea la anormalidad"

¿Qué es la normalidad democrática?

Dice Giovanni Sartori, que sólo conociendo qué es la democracia, sabremos qué podemos esperar de ella.  En ese sentido, la democracia, según el señor López Dóriga, es una fiesta del té, donde “el perdedor” felicita “al ganador” en el epítome de una justa electoral que hace honor a su nombre.

 Sin embargo, la democracia entendida como la libertad en todas sus formas, garantiza incluso que el adversario se declare en franca rebeldía o manifiesta inconformidad.  Si un Estado no garantiza esto último, entonces ¿de qué democracia estamos hablando?

¿Por qué ese afán de los periodistas de desconocer a los millones de votantes que coinciden con el candidato inconforme? ¿cuál es el ánimo de ofender a quienes no piensan como ellos, culpando en el inter a éstos de “intolerantes” o “antidemocráticos”?

México no es una democracia consolidada. En este país, tirios y troyanos fomentan y estimulan la compra y venta del voto como parte de “la normalidad democrática” conscientes de que exisen ciudadanos que no solamente aprueban esta práctica electoral, sino que la esperan con ansias. “En tiempos electorales, la gente come bien” dicen los que saben de estas cuestiones.

Una explicación de lo anterior, se encuentra en el Sistema Educativo Mexicano. Según la prueba PISA, 8 de cada 10 bachilleres son incapaces de identificar y extraer la idea principal de un texto. Evidentemente, el sistema educativo mexicano no ha formado ciudadanos críticos, analíticos y reflexivos ¿por qué, estimado lector? ¿a quién conviene un pueblo manipulable y un tipo de ciudadano capaz de vender o transar su voto por una despensa o una (jamás cumplida) promesa de campaña electoral?  En ese sentido, la urgente reforma educativa seguirá durmiendo el sueño de los justos en el próximo sexenio.

Una educación de calidad, es decir, la formación de ciudadanos del siglo XXI es un acto suicida para partidos como el PRI, que apuestan la eficacia de su maquinaria electoral sobre la compra y venta del voto.

Son pocos los periodistas que dan cuenta de estas pecattas minutas de la democracia mexicana.

Los periodistas del poder, no reseñan la anormalidad democrática presente en la injerencia bárbara, inmoral y rampante de las empresas (donde algunos de ellos trabajan) en el Estado y las decisiones que toma la autoridad en relación a los monopolios mexicanos.

En ese orden de ideas, sería particularmente interesante conocer la opinión del señor López Dóriga en relación a la declaración del CEO de su casa, Televisa, donde manifiesta que el libre mercado es un acto de buena voluntad personal, condicionado a “los otros” (léase Slim) y no a una prerrogativa que corresponde únicamente a la autoridad de nuestro país.

En virtud de que el señor López Dóriga no ha escrito una sola línea acerca del tema, es de suponer que lo anterior sí encuadra en la normalidad democrática, concebida desde su muy particular posicionalidad y superficie de inscripción.

Usted, estimado lector, puede estar de acuerdo o no en la forma de hacer y concebir la política de Andrés Manuel López Obrador, lo que no se vale es la campaña mediática y artera emprendida desde hace más de 12 años en su contra en relación a su talante “antidemocrático”.

Nada más hay que ver qué es lo que sus detractores consideran “normalidad democrática”, para comprender que no hay autoridad moral posible en aquellos que carecen de la mínima autocrítica en su quehacer periodístico y en el de sus empresas, y no pueden o no quieren ver una realidad que va más allá de la figura del ex candidato presidencial de las izquierdas en este país.

¿Usted qué opina, estimado lector?