sábado 25 de octubre de 2014 | 06:29

Enrique Peña Nieto: La burla contra la nación

El Nolato @Nolato2 dom 8 de julio de 2012

Tal como dije en un apunte anterior en este diario, el PRI no ha reparado en recursos inmorales y perversos para comprar y coaccionar el voto de los mexicanos, especialmente el de los miserables, los apremiados por el hambre, y que son hijos legítimos del injusto Estado de facto. Tampoco ha reparado en el uso inmoral de los medios de información afines para difundir mentiras o bien omitir la realidad: encuestas sesgadas sistemáticamente a favor de Peña Nieto, estigmas contra AMLO y ocultamiento de la realidad pre y postelectoral.

http://sdpnoticias.com/columna/9805/Enrique_Pena_Nieto_Los_mexicanos_son_cosas_no_personas

Así, y tal como pude expresarlo en ese apunte, el PRI, y sus asociados políticos, demuestran con esto que nos asumen a nosotros, los mexicanos ordinarios, como simples cosas útiles. Y esa manera de asumirnos a nosotros ha quedado palmariamente demostrada, sobre todo, con la fabricación de esa vulgar farsa priísta como es la negación del PRI de la realidad de la basura moral que ya empieza a surgir por doquier en torno al proceso electoral – Soriana y MONEX, especialmente -, para luego tratar de arrojarla perversa y cobardemente a los agraviados por la misma – AMLO y seguidores -. Y con esto, el PRI nos cuelga en el cuello el letrero humillante con el epígrafe, no ya de “idiota”, sino de cosas útiles incapaces de discernir la verdad de la mentira.

- Que presenten la prueba de sus acusaciones – exclama en tono severo Enrique Peña Nieto, mientras las facturas MONEX y los bonovotos Soriana le escurren por las orejas y le rebosan las mangas del saco, el cuello de la camisa y las bolsas de los pantalones.

¿Cómo se puede llamar a esto? ¿No es acaso una burla?

Créame que me resulta sumamente difícil escribir sobre tan vulgar farsa -, porque semejante situación rebasa con mucho los recursos del lenguaje y de la imaginación. En efecto, nos deja mudos todo esto, porque es prácticamente imposible encontrar recursos expresivos que puedan describir o definir con justicia tan grande cinismo y desfachatez.

Pero después de todo, ¿para qué escribir más sobre este punto? Creo que para el lector perspicaz los hechos son más que elocuentes en su verdad. Y a lo dicho: queda claro ya que el PRI se burla cínicamente de usted, de mí, y de toda la nación.

Y al ver todo eso: ¿Cómo se siente usted? Y hago esta pregunta para todos aquellos mexicanos que no están ligados clientelarmente, directa o indirectamente, al PRI, porque son éstos los únicos que brincan de gozo frente a los delitos contra la nación.

¿Se siente bien, relajado, feliz, satisfecho, o se siente frustrado y colmado de ira, al grado de desear tomar las calles para protestar pacíficamente por estas bajezas hasta que todo el circo se derrumbe hasta sus últimos cimientos? Pero si es lo segundo lo que le invade en esto momentos, no se sienta mal. Al contrario, tal es el estado del alma de aquel ciudadano honesto que cumple con su deber y que encuentra que sus gobiernos y su clase política no guardan legitimidad moral, como es el caso del PRI. Y el ciudadano tiene el derecho a inconformarse y a exigir un cambio de su forma de organización política cuando encuentra que la misma ya no responde a sus aspiraciones por estar completamente corrompida, como es nuestro caso.  

Deseable sería que en su alma no hubiera irritación. Pero debemos reconocer que no podemos pedir lo imposible, porque no a todos nos está reservada la gracia de poseer semejante grado de autocontrol. Y menos aun cuando ese aparato político corrompido se burla del sentido común y de la dignidad humana negando la realidad de su propia perversión moral, cuando ya expuesta a plena luz del día. 

Y esto es precisamente lo que explica aquel odio popular del cual se lamentan teatralmente Ciro Gómez Leyva, Carlos Marín, López Dóriga y demás portavoces del priísmo. De existir ese odio, que lo pongo en duda porque lo atribuyo más a su estrategia de estigmatización sobre AMLO, de existir, digo, no es atribuible a una iniciativa unilateral  del pueblo raso, sino a la propia iniciativa de ellos por encender esos sentimientos crispados con sus absurdidades.

Muchos miembros de la pastosa y pestilente aristocracia europea se lamentaron al nivel del escándalo por los horrores de la revolución francesa que se sucedieron a la toma de la Bastilla.

- “¿Es éste el progreso que ofrece la revolución del pueblo: una carnicería?” – exclamaban los horrorizados aristócratas europeos -.

Pero lo cierto es que ellos nunca dirigieron los ojos de la conciencia a la viga en el propio ojo, hacia la conducta criminal de sus pares franceses, tan colmada de cinismo y de frivolidades sobre la montaña de miseria del pueblo bajo francés. 

Cuidado. El cinismo y la frivolidad en política pueden ser yesca para la hoguera de los sentimientos populares. Y de cierto que no hay nervio que aguante la tensión de un pueblo cuya ira y descontento ya han rebasado los diques de la tolerancia. Y espero que el PRI y sus asociados políticos tengan siempre muy en cuenta eso.

Buen día.