Podría decir: todo comenzó desde el origen mismo, las prisiones nacieron muertas.
Nunca han cumplido la función para las que fueron creadas, no resocializan, no reinsertan, no reeducan…
Podría decir: todo comenzó el día en que grandes capos, políticos, empresarios, eran los que mandaban en prisión. Lo hizo Caro Quintero, lo hizo Raúl Salinas de Gortari, lo hizo Ernesto Fonseca…
Pero diré: todo empezó en Enero del 2001, cuando Joaquín “El Chapo” Guzmán escapó de Puente grande (algunos le llaman Puerta grande); escapar es un decir, cuando fue liberado.
La historia continúo el 31 de Diciembre de 2004 cuando Arturo Guzmán Loera, “El Pollo”, hermano de “El Chapo”, fue asesinado de ocho balazos de un arma 9 milímetros en una prisión federal.
La trama se continúo desarrollando en Octubre de 2005 cuando en televisión nacional Osiel Cárdenas Guillén llamó desde, en ese entonces, “La Palma”, a Carlos Loret de Mola, la llamada fue transmitida en el noticiero “Primero Noticias”.
Quizá no habría existido mayor problema de no ser porque la llamada se realizaba desde un Nextel, propiedad del capo. Lo hacía con la intención de denunciar los vínculos de José Luís Santiago Vasconcelos con “El Chapo”.
Un dato importante: todos estos sucesos se habrían dado en prisiones denominas de máxima seguridad, donde habitan sujetos, supuestamente, “hiperpeligrosos”.
Hasta aquí existían evidentes signos de descomposición, de mal funcionamiento, sin embargo la historia continua.
A nivel estatal diversas prisiones han visto padecido fugas masivas, masacres colectivas.
A nivel Municipal se ha visto lo mismo.
¿Por qué viene todo esto a colación? Dos sucesos. Ambos reflejan de manera micro un problema macro.
1) El homicidio de prisioneros en Apodaca, acompañado de una fuga, hechos acontecidos con complicidad de custodios y otras autoridades.
2) Cartuchos encontrados en la Penitenciaría de Santa Martha Acatitla, en la misma semana en que se asesina a una persona a golpes en el área de Ingreso del Reclusorio Oriente, por un supuesto hacinamiento en el lugar; hacinamiento derivado de tener que desalojar diversas estancias para que Miguel Sacal, “El Gentleman de las Lomas”, no sufriera una agresión.
Prisiones hacinadas, llenas de armas, de drogas, de celulares. Con elementos de seguridad corrompidos, autoridades temerosas.
Con sistemas de seguridad deficientes, con autogobiernos (los presos como amos) o cogobiernos (presos y autoridad compartiendo el poder).
¿Así deberían funcionar esos lugares? No lo creo.
El sistema ha colapsado, y no lo digo yo, lo dicen las evidencias.
Muchos argumentan: es un mal necesario.
Otros dicen: no hay una mejor solución por ahora.
Claro que hay soluciones y no radican en construir más prisiones, ni en hiperprotegerlas.
La solución está en reconocer que el sistema penitenciario no da para más y que su fin ha llegado. Y que de mantenerse será de forma artificial y seguirán ocurriendo casos funestos como los de ahora…
Enrique Zúñiga twitter: @Zuva16 zugv@prodigy.net.mx
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