Pregunté a un grupo de jóvenes preparatorianos quién es el secretario de Educación de Veracruz, sólo uno entre la treintena de estudiantes atinó a decir el nombre, sin el segundo apellido. En un arrebato de crueldad inquirí por el nombre de su homólogo en la administración federal. Pobre Alonso Lujambio, ni sus aspiraciones presidenciales ni el escándalo por la Estela de Luz le sirvieron para ser recordado; ni uno solo de los jóvenes pudo recordar su nombre. La pregunta no fue gratuita, se trata de dos servidores públicos cuyas decisiones afectan, en forma importante y directa, la vida de estos muchachos.
Animada por su falta de respuestas, hice un minimaratón de información política. No conocen a muchos personajes que buscan con denuedo el voto ciudadano, ni locales ni nacionales; recuerdan, eso sí, las notas más sangrientas, por ejemplo, la de los jóvenes linchados en Chalco; también recordaban a la perfección al “Ferras”, un personaje que saltó a la fama de las redes sociales cuando se dio a conocer en Youtube la confesión campechana y pormenorizada del asesinato que había cometido, en cambio, de la información que flota en el ambiente político-electoral están absolutamente desprendidos. Para empezar, prácticamente ninguno visita algún diario impreso o en línea; son habitantes, en cambio, de Facebook, Youtube y Twitter, el teléfono celular es como una especie de órtesis que necesitan imperiosamente para ser funcionales en su mundo regido por la comunicación.
Todos los integrantes del grupo están en edad de votar, la mayoría tiene credencial de elector y no pude sino preguntarme cuáles serán las referencias en las que apoyen la decisión de su voto el próximo mes de julio.
El padrón electoral tiene 84 millones 782 mil 203 ciudadanos inscritos, en tanto que en la lista nominal, en la primera quincena de febrero, el número de posibles votantes ascendía a 78 millones 345 mil 395, cifra que previsiblemente se incrementará en los próximos días. En dicha lista, los ciudadanos de 18 a 29 años de edad suman poco más de 24 millones, 30.65% de los votantes son jóvenes.
¿Por qué el rango de 18 a 29 años? Porque son los jóvenes de las generaciones de la alternancia. Los votantes potenciales de 18 años sufragarán por primera vez y aquellos que hoy tienen 29 años, hace 12, cuando se concretó la alternancia partidista a nivel federal, no estrenaban aún su ciudadanía, pues tenían apenas 17 años. De hecho, los ciudadanos menores de 30 años sólo han conocido a los gobiernos panistas en sus años de vida adulta. La información que les permitiría comparar a los gobiernos priistas con los del PAN no la recuerdan o quizá nunca se enteraron de ella. Hoy, sólo saben que los partidos opositores al PRI trabajan para evitar que este partido regrese a gobernar, pero no cuentan con información de primera mano sobre los gobiernos priistas, de modo que, quienes intenten apelar al voto del miedo, tan útil en otros tiempos, hoy no parece una buena ruta para ganar a ese 30% de votantes jóvenes que representan, además, un porcentaje tan importante que puede definir la elección.
Quienes deseen obtener el voto joven deben considerar que se trata de generaciones que además de estar inmersas en el mundo de las tecnologías de la información y la comunicación, lo que han conocido es una época signada por la violencia, los secuestros, los asaltos, los “levantones”, los decapitados, los convoyes de soldados y vehículos policiacos circulando por sus ciudades que les recuerdan la situación que prevalece en los últimos cinco años debido a la guerra contra la delincuencia organizada y, en numerosos casos, una especie de condena al encierro debido a las condiciones de inseguridad. En el caso de las jóvenes, se agrega la violación y los feminicidios.
Muchos jóvenes no encuentran oportunidades, sólo han tenido en la palabra “nini” la denominación altamente discriminante que pretende sintetizar su carencia de acceso al empleo, al trabajo y al disfrute de un nivel de vida aceptable.
Otros se enteraron de que el maltrato que aguantaron durante años es el bullying; hostigamiento que no disminuye por el hecho de condensarse en un nuevo vocablo.
Los miles y miles de jóvenes que no consiguen un sitio en alguna de las universidades públicas y cuya situación económica y familiar tampoco les concede optar por una beca en una universidad privada en el programa que echó a andar recientemente el gobierno federal, también pueden estar en la lista nominal.
Según datos del Consejo Nacional de Población, entre 2000 y 2005, salieron del país 220 mil jóvenes cada año. Este millón 300 mil jóvenes se suma a los connacionales que dejaron antes su país. No todos ellos votarán, porque al 15 de febrero el Instituto Federal Electoral sólo recibió 61 mil 687 solicitudes de inscripción en la Lista Nominal de Electores Residentes en el Extranjero, de las cuales se restarán todavía las que no son viables. Sus familias, en cambio, que deben padecer diariamente la ausencia de quienes fueron a empeñar su juventud en un ambiente hostil y cada vez más discriminador hacia los migrantes, quizá tampoco olvidarán a sus seres queridos cuando se encuentren frente a las urnas.
ramirez.pilar@gmail.com
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