columnas

Gran futuro si sobrevivimos al presente

Iván Rubio

@ivanilich
mié 20 abr 2011

Es complicado abstraerse de la realidad, de cierta manera no sé si admirar o sentir pena por los que pasan la vida como si no pasara nada, ni en su casa, ni en sus venas, ni en Gaza, Libia, Zimbabwe, o Ciudad Juárez, en nuestra propia ciudad, de camino al trabajo o de regreso de algún bar.

No entiendo cómo pueden hacer como si las balas no rozaran nuestra piel, aun en la piel ajena, ¿Cuántos hay aquí que no conozcan a una persona que no estuviera en medio de una balacera, por voluntad o mala suerte? ¿Cuántos que no temen igual al policía que al nuevo narcomenudista de la colonia?

No entiendo cómo pueden hacer como si no hubiera tantos millones de pobres en un país tan rico, no comprendo la estrategia para seguir gastando en un iPod o un Blackberry y al mismo tiempo quejarnos de la desigualdad social.

Parece que vivimos con la indiferencia como única salida, con la hueva como defensa ante la impotencia.

Es que tantas veces me pregunto ¿Qué carajos hacer con el senado, inútil, lejano y estrenando edificio que parece hotel? ¿Qué hacer con el gobernador que viaja a Cuba con mis impuestos mientras me suben la gasolina? y así podría pasar las líneas hablando de lo que, por más que intento, no puedo ignorar. Hacerme pendejo no está en mi; aquellos que pueden o quieren ignorar todo esto, o tiene una capacidad tremendamente desarrollada o simplemente nacieron con algún problema grave de percepción, y viven creyendo que los muertos sólo están en los periódicos, y los secuestrados siempre tienen un rescate televisado en horario triple A.

No viajo en el pesimismo constante, por el contrario me gusta pensar que "este país tiene un gran futuro, sólo que tiene que encontrar la manera de sobrevivir a su presente...". Aún así me sorprende, todos los días, la gran cantidad de personas que aún buscan la manera de tapar el sol con un Tweet/un spot/un comentario a la ligera, sólo para seguir haciéndose pendejos.

Lástima por ellos, la realidad no toma concesiones cuando decide explotarnos en la cara. 

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